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"… para parar las aguas del olvido."

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Navegadores Web alternativos

No voy a contar en este post qué es un navegador web (web Browser) ni tampoco como funciona o su interesante historia desde que viera la luz el primero allá por 1990. ¿Qué voy a contar entonces? Me voy a limitar a ofreceros una lista de navegadores disponibles actualmente, más allá de los más conocidos y que la mayor parte de los usuarios utilizan. Porque hay vida más allá de Internet Explorer, Chrome, Mozilla FireFox o Safari. Estos navegadores tienen una extensión y un público lo suficientemente amplio como para necesitar presentación, pasemos a otros menos conocidos y utilizados:

Primero quiero cita un navegador de solidez y calidad contrastada pero que no tiene una amplia cuota de mercado y tal vez no todos conozcan aún, me refiero a Opera. Este navegador ha sido pionero en la incorporación de muchas de las características que hoy día tienen los navegadores más conocidos: zoom, búsqueda integrada, y además pusieron de moda las, hoy imprescindibles, pestañas. Es, sin duda, mi navegador favorito, rápido y seguro. Es un navegador multiplataforma que permite unos resultados óptimos en conexiones lentas a internet con su función turbo de optimización de la conexión y de la descarga de sitios web. Por otra parte es más pequeño que otros navegadores, con lo que ocupa menos espacio en tu disco duro, por lo que si tienes un sistema con recursos limitados es tu navegador adecuado. Soporta la mayor parte de los estándares de encriptación, además protege tu información personal cuando la utilizas en línea. Funciona con HTML, XML, CSS, HTTP, XHTML y los implementa siguiendo puntualmente las recomendaciones oficiales. Es compatible con entornos Windows, Mac, Linux, existe una versión para dispositivos móviles, consolas de videojuegos, como el Nintendo Wii, DS, o Sony Mylo.

Ace Explorer: Se trata de un navegador freeware basado en Internet Explorer, una de sus características más interesantes es que te permite eliminar el rastro que vas dejando mientras navegas, además tiene la opción de bloquear imágenes, vídeos, sonidos y componentes ActiveX. Permite, de manera centralizada en un único botón, administrar diferentes pestañas, todas pueden ser refrescadas, detenidas o cerradas con un solo gesto del ratón. Puedes enocntrar su web haciendo click aquí.

Avant Browser: Es otro navegador freeware basado en Internet Explorer, permite crear un lista negra de páginas web que no se abrirán en el navegador, además tiene u funcionamiento más rápido. Tiene 44 idiomas establecidos. Puedes ver aquí más información sobre este navegador.

Acoo Browser: Seguimos con los navegadores freeware basados en Internet Explorer pero que presentan mejoras con respecto al navegador de Microsoft. Incluye muchas características avanzadas como Movimientos del Mouse, Visor del código fuente HTML de la página web con sintaxis resaltada, un poderoso Analizador de páginas web incorporado, bloqueador de ventanas emergentes recuperable, supresión de errores en las secuencias de comandos, etc. Para más información pincha aquí.

Green Browser: Se trata de un navegador freeware multiventana basado en Internet Explorer. Entre las opciones que ofrece encontramos: filtro de publicidad, autoguardar, zoom e página, etc. Más información siguiendo este enlace.

K-Meleon: Es un navegador freeware basado en el motor de Mozilla. Es un navegador sencillo y eficiente. También posee la función de los gestos del Mouse, introducida por Opera. Te permite mantener un completo control sobre el aspecto y las funcionalidades del navegador. En su página encontrarás todo lo que necesitas.

SeaMonkey: No es sólo un simple navegador web, es una Suite de Internet que cuenta con un navegador, un cliente de correo electrónico, un cliente IRC, un alibreta de contactos y un editor de páginas web. Está basado en las aplicaciones de la Suite de Mozilla y se puede utilizar en diferentes plataformas: Linux, MacOSX, OS/2, Solaris y Windows. Tiene versión en español, puedes descargarte esta suite desde su página web.

Konqueror: Es un navegador web que forma parte del proyecto oficial KDE. Es un software de código abierto, bajo licendia GPL. Posee una interfaz de ususario altamente personalizable, trabaja con paneles y los paneles pueden ser añadidos y recolocados. Es un navegador muy interesante, que tiene una puntuación de 89/100 en el Test Acid3. En su página web hay mucha más información.

Hay muchos otros navegadores y suites de Internet que podrían citarse, pero para empezar a probar algo que no sea lo de siempre este es un buen principio. Existe una buena comparativa de los diferentes navegadores web que aporta interesante información sobre los diferentes navegadores.

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Comunicando…?

Vivimos en el mundo de la comunicación y del intercambio instantáneo y rápido de ideas, la web 2.0 es la de la interacción personal, y toda interacción es mensaje. Recibimos una continua lluvia de mensajes e informaciones diversas, ya sea a través de los medios de comunicación tradicionales, ya por las redes sociales o a través de nuestras charlas en el trabajo con los colegas o en casa con la familia. Los mensajes que recibimos son de todo tipo y cada uno de ellos persigue su fin específico, fin que en principio debemos admitir como legítimo, por más que puedan molestarnos los cortes publicitarios en medio de nuestra serie favorita o las noticias de sociedad antes de la información deportiva.

No obstante, la preocupación por la comunicación y los factores que inciden en ella han ocupado al ser humano desde muy antiguo, la sistematización de las artes del discurso elocuente las hace remontar la tradición a Corax y Tisias allá por la Siracusa del siglo V a. de C. Con lo que como se echa de ver son muchos los siglos que el hombre lleva reflexionando sobre este asunto desde diferentes perspectivas. Y uno de los primeros temas que surge es el de la verdad. Muy pronto se dieron cuenta los que se dedicaron a reflexionar sobre estas cuestiones que la oratoria, o arte de hablar en público, era una ciencia éticamente neutra y que desgraciadamente la capacidad de usar sus normas para persuadir eficazmente eran válidas independientemente de la catadura moral del individuo que las usara.

La literatura técnica de la antigüedad, está llena de advertencias y de recomendaciones sobre este tema. Platón advierte de los peligros de la retórica en manos de personas inmorales, lo mismo hacen Aristóteles, Cicerón, o Quintiliano, y eso por no citar sino a los más conocidos. Y el problema final reside no en el fin en sí mismo; es decir, en el hecho de que quieran convencerte de algo que les beneficia, o deseen venderte algo, el problema reside en la verdad de lo que se comunica, ¿te están engañando? Merece en este punto recordar la definición que Catón el Viejo da del orador: “Vir bonus, dicendi peritus” que podríamos traducir como “un hombre honesto hábil para comunicar”. Definición que fue repetida después por otros muchos como Séneca, Cicerón o Quintiliano; quien hace del carácter ético del orador un rasgo básico y fundamental de su programa de formación y de la oratoria en conjunto.

Que la comunicación está ligada a la ética por su propia naturaleza y que la cuestión de la verdad sigue vigente hoy en día es evidente si nos acercamos a cualquiera de los manuales de pragmática disponibles en el mercado, o a los de semántica o retórica. Pero como no es mi objetivo en este artículo reflexionar sobre qué sea la verdad o que han dicho los filósofos sobre la verdad sino;  señalar la importancia de que el discurso se ajuste a la necesidad ética de ser verdadero me limitaré a citar, para aquellos que sientan alguna curiosidad sobre el tema, la Teoría de los Actos de Habla (Acts Speech) de Searle, la Teoría de la Relevancia de Sperber y Wilson, o la Teoría Cooperativa o Principio de Cooperación de Grice. Y es en esta última en la que me voy a centrar para citar simplemente algunas de sus máximas. Máximas que deben presidir cualquier acto comunicativo para que este sea relevante y válido; y por supuesto, ético.

Para Grice todo acto comunicativo debe partir de un acuerdo entre aquellos que participan en dicho acto. Y enumera las siguientes normas que el denomina máximas:

  1. Máxima de Cantidad: Hace referencia a la cantidad de información que se debe proporcionar.

    1. Haga que su contribución sea todo lo informativa que el intercambio requiera.

    1. No haga que su contribución sea más informativa de lo que el intercambio requiera.

  1. Máxima de Calidad:

    1. Haga que su contribución sea verdadera

2.1.1 No diga lo que crea que es falso.

2.2.2 No diga nada de lo que no tenga pruebas adecuadas.

  1. Máxima de Relación (o relevancia)

    1. Haga su contribución relevante.

  1. Máxima de Modalidad

    1. Sea usted claro

      1. Evite la oscuridad.

      1. Evite la ambigüedad.

      1. Sea breve. (Evite ser prolijo)

      1. Sea ordenado.

Habrá quien pueda echar en falta otros aspectos, como la cortesía, pero en todo caso son un cimiento imprescindible para una comunicación veraz y ética, de la que tan necesitados estamos. Más en estos tiempos en que la ambigüedad y las medias verdades están a la orden del día. Y no sólo en el mundo de la política, aunque ese sea un terreno abonado igual que el mundo de la publicidad. Esto ocurre en nuestra vida diaria también, con nuestras familias sin ir más lejos. Sería conveniente que reflexionáramos un poco sobre la importancia de una conducta ética al comunicarnos con los demás, al relacionarnos con ellos. Y no olvidar nunca que aún considerando que se persiga un fin ético, no siempre el fin justifica los medios.

“Virtual” frente a “Real”: ¿Términos antagónicos?

Durante los últimos años, y junto con la creciente popularización del uso de las tecnologías de la información se ha ido creando el mito del «mundo virtual» como algo diferente y opuesto al «mundo real». Hace ya tiempo que he mantenido debates y charlas con diversas personas sobre este tema y finalmente me he decidido a escribir sobre él, dejando así constancia de mi punto de vista sobre este asunto, y no es que mi punto de vista importe mucho pero es el que me he ido formando y su puesta en común puede ayudarme a perfilarlo, mejorarlo o desecharlo. Trataré de explicar que esa dicotomía entre «real» y «virtual», que considera ambos términos como antónimos cuando, en realidad, no lo son, al menos desde un punto de vista filosófico, no deja de ser ‘flatus vocis‘.

El concepto de «realidad», de qué es lo real, tiene diversas acepciones en castellano pero, en cuanto sustantivo abstracto, hace referencia a la totalidad de lo real. Seguro que todos recordamos nuestras lecciones del instituto sobre Descartes, esas lecciones aprendidas nos van a proporcionar un punto de arranque magnífico para tratar de dar una definición de qué es lo real. Hagamos memoria, aunque sea sólo por unos momentos, de su método de conocimiento de la realidad, Descartes nos venía a decir que la duda hace mella en todo excepto en los propios pensamientos. Dicho de otra manera, yo puedo pensar un unicornio azul, puede ser que el unicornio azul no exista pero desde luego lo que no puedo es dudar de que estoy pensando un unicornio azul, y, por lo tanto, mi pensamiento existe. Ahora bien, esa realidad no será puesta a menos que yo formule un juicio que diga que tal pensamiento es pensamiento de esa realidad. Dicho de otra manera, decimos que algo es real cuando lo ponemos como sujeto de un juicio. Algo es real cuando puede ser sujeto de un número diverso de juicios, porque yo no puedo afirmar ni negar nada de algo si ese algo no es. Así pues mediante los juicios determinamos la realidad y al mismo tiempo que la determinamos la ponemos. Por supuesto que desde Descartes las escuelas que se mueven dentro del ámbito del idealismo han seguido perfilando el concepto de realidad ampliándolo o matizándolo.

Desde el ámbito del realismo se dan otras explicaciones de la realidad que vienen a situarla como la forma de lo aprehendido en el acto de la aprehensión. Es obvio que no estoy siguiendo el concepto de realidad del realismo Aristotélico pero en última instancia, también su definición de realidad nos serviría. Para aristóteles la realidad,lo real, es aquello que percibimos por los sentidos, el mundo físico y desde luego el mundo cibernético es un mundo físico en última instancia. Pero pasemos al significado de Virtual.

Pierre Lévy afirma que “la palabra «virtual» puede entenderse al menos de tres maneras, en un sentido técnico ligado a la informática, en un sentido corriente y en un sentido filosófico… En filosofía, es virtual lo que existe en potencia y no en acto” (Cyberculture. Edts. Du Conseil de l’Europe, 1997). Desde esta perspectiva lo virtual sería aquello que aún no ha sido actualizado. En la semilla está ya presente virtualmente la planta que ha de crecer de ella una vez plantada, por lo que lo virtual es una dimensión de la realidad. Pero, como más arriba he señalado, virtual se emplea en el uso coloquial como sinónimo de entelequia, de lo que no es real, así «lo virtual» equivaldría a «lo irreal». Una cosa es virtual o real pero no puede ser ambas a la vez, tal parece ser el pensamiento que se ha ido extendiendo y consolidando. Pero, en puridad, lo virtual no se opone a lo real sino a lo actual, de modo que actualidad y virtualidad serían sólo dos modos diferentes de la realidad. Si en la esencia de la semilla está la planta que ha de nacer y crecer, la virtualidad de la planta es real aunque todavía no sea actual. Podemos decir, por tanto, que lo virtual es lo real no actualizado.

Aunque no podamos fijarlo en ninguna coordenada espacio-temporal, lo virtual es real. De la misma manera que la palabra ‘estropajo’ existe aunque no sea pronunciada, pero está ahí a disposición de los hablantes de una comunidad para ser actualizada en un momento concreto y en un lugar determinado. Hay que añadir que lo virtual no determina el modo en que es actualizado, así como una palabra (por ejemplo la palabra estropajo) no determina su pronunciación ni su entonación ni su sentido; y por lo tanto  no se actualiza igual por todos los hablantes de una lengua y se puede actualizar con diferentes tonos, pronunciaciones o sentidos diversos y sorprendentes.

Por lo tanto, cuando hablamos de virtual en el campo de las tecnologías de la información, en el ciberespacio, no significa que esa información sea irreal, una entelequia, algo sin soporte físico. Esa información está situada físicamente en algún lugar, pero está también y a la vez presente en cada punto de la red donde se la llame para ser actualizada. Por tanto hablamos de una información desterritorializada y ubicua pero no irreal. Tan real es lo que denominamos «mundo virtual» como el «mundo físico» en que nos levantamos cada mañana, desayunamos y nos duchamos o vamos a trabajar. Y creo que esa realidad es aún más evidente en las redes sociales, donde se produce una interacción, con reglas propias sin duda, pero de la misma naturaleza que la interacción que se puede producir en un grupo de amigos que hablan en un café o por teléfono o por carta. Son relaciones cibernéticas, sí, pero no menos reales que las que tenemos en nuestra vida corriente, no cibernética. Y si no pensemoslo un poco…

No es sólo abrir la boca. Habladores y Discursos

Cada vez un número más elevado de personas se ve en la necesidad de hablar en público pero por desgracia eso no significa que tengamos la oportunidad de escuchar buenos discursos. Buenos, no sólo por el tema, sino también por la forma y por el modo en que el discurso es pronunciado. Ya ni siquiera los, antaño, templos de la oratoria, el parlamento y la iglesia, pueden jactarse de ser escenario de grandes discursos. La mediocridad se ha adueñado de las tribunas de los oradores y de los púlpitos de los predicadores.

Se dice, y no sin razón, que la base de la oratoria es tener algo que decir y querer decirlo; pero si bien esa motivación es el punto de arranque hace falta algo más que buena voluntad y conocimientos más o menos profundos sobre un tema concreto para construir un buen discurso. Y ¿qué es un buen discurso? Como norma general podríamos decir que aquél que se adecua a su fin y lo obtiene; y el objetivo general de todo discurso, independientemente de su concreción es: persuadir y mover (a la acción). No sólo es necesario convencer racionalmente, apelando a los argumentos de la razón, a los oyentes. También es necesario lograr que el oyente se mueva, que actúe en la dirección indicada por el discurso.

El interés por el conocimiento y el estudio de las normas que rigen la elaboración del discurso persuasivo no es algo nuevo, desde la antigüedad clásica las artes del discurso han despertado el interés de las personas cultas, magníficos ejemplos de oratoria pueden encontrarse en la Iliada, interés que menguó durante los siglos xviii a xx por causa de la identificación de la retórica con el uso abusivo de figuras y de un lenguaje recargado y huero. Pero nada más lejos de la intención de los tratadistas antiguos y medievales que el convertir a la retórica en eso. Afortunadamente, el siglo xx ha visto un resurgir del interés por la cosa retórica y han aparecido nuevas y muy interesantes escuelas de retórica, así como cientos de cursos y libros de oratoria práctica.

El orador, nos dice Cicerón, debe tener en cuenta tres cosas: qué decir, en qué orden y cómo.” (Orator § 43). La primera de esas tres cosas que cita Cicerón nos remite a la Inventio o dicho de otra manera, el acto de encontrar o decidir de qué se va a hablar, qué se va a decir. Ese qué decir sería algo así como la esencia del discurso o su hilo conductor, esencia que se ha de revestir luego con el con el cuerpo que le ofrecen los demás elementos o hilo que se ha de tejer para crear una trama.

El segundo aspecto, el relativo al orden en que se ha de decir lo que queremos decir, es lo que se conoce con el nombre de Dispositio. Aquí se trata de ordenar los argumentos que vamos a emplear en nuestra exposición. Los dividiremos según su peso en primarios y secundarios y aún incluso algunos quedarán fuera. Meditaremos en que parte del discurso aparecerá cada uno de ellos y de que forma y manera los iremos alternando. Analizaremos las posibles objeciones y trataremos de rebatirlas, ya sea que aparezca de manera explícita en el discurso o que decidamos no incluirlas y dejarlas como reserva de una posible réplica.

Y finalmente, la tercera cosa que menciona el Retor latino,el cómo, es lo que se conoce como Elocutio. En esta fase se encarnan los argumentos que hemos encontrado y que hemos clasificado y colocado en el esqueleto del discurso. Ahora buscamos las expresiones lingüísticas adecuadas, la palabra precisa para lograr de la mejor manera posible alcanzar nuestro objetivo. Aquí es donde tejemos el discurso que luego pronunciaremos, y le damos forma. Una forma que ha de ser la apropiada al tema y al auditorio. Parece obvio que no es lo mismo hablar de la Teoría de Cuerdas ante una audiencia formada por expertos en la materia, a los cuales les estamos presentando un nuevo avance, una nueva ecuación resuelta, que hacerlo ante otra formada por estudiantes de secundaria, a los que vamos a darles datos muy generales para que puedan hacerse una idea de lo que es esa teoría, o ante una asamblea de políticos y empresarios a los cuales tratamos de convencer para que sigan financiando nuestras investigaciones.

Como se echa de ver si bien el tema es idéntico no lo es en absoluto ni la audiencia, ni el objetivo final del discurso. Por lo tanto, ni los argumentos que usemos ni el envoltorio en que esos argumentos son presentados puede ser idéntico. Deberemos adaptar tanto el fondo como la forma del discurso al tipo de oyente que tenemos y al objetivo final que perseguimos, que en última instancia viene marcado por nuestro auditorio.

Y es ahí donde yo veo un gran problema de muchos oradores modernos. Su incapacidad para cambiar de registro, para adecuarse a las circunstancias de lugar y de entorno, lo que llamaban los tratadistas clásicos el decorum. Por eso más de un buen mensaje se pierde en el aire de nuestros parlamentos, de nuestras Aulas Magnas y de nuestras iglesias o mítines callejeros. Veo una abundancia del estilo áspero y descuidado, como sinónimo de sencillo, llano y claro; pero esto, lejos de ser así, en muchas ocasiones entorpece la transmisión clara y distinta de las ideas que el orador desea dejar en la mente y en el corazón de su auditorio. Porque el discurso, como más arriba se ha dicho, no sólo ha de apelar a la razón (para persuadir) sino también al corazón (para mover a la acción). En el otro extremo, se identifica lo cuidado y elegante con lo huero y falto de significado; pero se olvida que con frecuencia la dulzura gana más adhesiones que la amargura. Se cazan más moscas con miel que con vinagre, y ese viejo refrán vale también para el tema que nos ocupa.

Desde luego muchas cosas más podrían escribirse sobre este tema, y se han escrito para el que tenga interés en leerlas. En cualquier biblioteca pública se pueden encontrar estas obras que tan útiles son para quien sabe leerlas y extraer el néctar que contienen. Me permito citar aquí algunas de ellas, que pueden servir para ir abriendo boca.

Aristóteles, La Retórica. (La cito porque es probablemente el más conocido de todos los tratados retóricos pero tal vez convenga empezar por otros textos. Como los que cito debajo.

Marco Tulio Cicerón, El Orador

Cicerón, Bruto

Cicerón, De Oratore (No confundir con la 1ª obra citada de Cicerón)

Anónimo, Retórica a Herenio

Quintiliano, Instituciones Oratorias

No cito edición porque hay diversas ediciones, en general de excelente calidad. En todo caso la que encontréis en la Biblioteca o en la librería de turno os permitirá acercaros a este arte. Hay por supuesto retóricas contemporáneas, como la del Grupo Mi, Retórica General; o la monumental obra de Chaïm Perelman y Lucie Olbrechts-Tyteca, titulada Tratado de la Argumentación. Una excelente introducción al tema de la retórica en la actualidad es el texto del malogrado Antonio López Eire, de quien tuve el honor de ser alumno siquiera por breve tiempo, y que lleva por título Actualidad de la Retórica. En todos esos textos encontraran abundantes referencias a otros autores y otros textos, tirando del hilo con paciencia y práctica irán tejiendo su propio hilo de Ariadna para guiarse y salir con bien de este laberinto que es la necesidad de comunicarnos y de hacerlo de manera apropiada, útil y bella.

Correo Electrónico y Prevención de Riesgos

¿Quién no tiene hoy en día una cuenta de correo electrónico? Está bien, acepto que hay personas que se resisten a ello por los motivos que sean pero el número de usuarios del correo electrónico es absolutamente masivo. Lástima que ese uso no sea siempre un uso informado y sensato. La inmensa mayoría de usuarios de correo electrónico cree que basta con abrir una cuenta en cualquiera de los proveedores que las ofrecen gratuitamente, ya sea Yahoo, Hotmail o, el cada vez más omnipresente, Gmail; y a partir de ahí todo se reduce a redactar los correos que queremos enviar y leer los que nos envían otras personas.

En un mundo ideal eso sería, sin duda alguna, así;  ya que nadie se metería en la cuenta de otra persona ni aprovecharía la buena fe o la ignorancia del prójimo para propagar virus, gusanos, troyanos y otras infecciones por el estilo. Pero resulta que este mundo en qué vivimos no es perfecto y hay personas que se dedican a estas cosas tan poco agradables para el que las sufre, de ahí que sea necesario tomar algunas precauciones que, si bien no pueden garantiza al cien por cien que nos veamos libres de problemas, al menos minimizarán los riesgos y pondrán más difícil cualquier intento de engaño. Los consejos no son nuevos pero no viene mal recordarlos de vez en cuando y ese es el objetivo de esta nota.

La prudencia es la base de cualquier actuación segura, ni con temor ni temerariamente, reza un lema latino. No es necesario renunciar a los avances tecnológicos por temor a los contagios malintencionados pero tampoco es inteligente negar que existen riesgos a causa de la pésima utilización que algunas personas hacen del conocimiento que poseen. A más de esto hay una serie de normas que deberían ser conocidas y seguidas por todos aquellos que poseen una cuenta de correo electrónico.

  • Utiliza contraseñas seguras y cámbialas regularmente. Utiliza claves con más de ocho dígitos, que sean, al menos, alfanuméricas y si es posible utiliza también otros signos del teclado. Lo ideal sería que utilizaras contraseñas aleatorias y por supuesto, no utilices la misma clave para todo. Si tienes muchas puedes utilizar Clipperz para almacenarlas en línea. Eso sí, asegúrate que la clave de Clipperz es lo suficientemente robusta y compleja. Anótala en alguna libreta segura y recuerda que si la pierdes perderás el resto de las claves.
  • Asegúrate de que la pregunta para recuperar tu clave en caso de olvido sólo puedas responderla tú. Si el número de preguntas es limitado no utilices ese mecanismo de recuperación de contraseña.
  • Asegúrate que durante el proceso de direccionamiento, cuando estás entrando a tu cuenta e introduces tus datos claves, la información esté cifrada y en el navegador aparecen las siglas https, que indican que te encuentras en modo de navegación segura.
  • Limita el contenido HTML es más fácil esconder contenido malicioso entre su código.
  • Desactiva la vista previa, algunos virus se activan al aparecer el contenido sin necesidad de que se abra o descargue el mensaje o el adjunto.
  • Elimina sin abrir los mensajes sospechosos.
  • No abras ningún archivo adjunto sin haberlo analizado previamente con el antivirus, aunque provenga de una dirección conocida.
  • Mantén actualizado tu antivirus y siempre activo.
  • Utiliza un filtro anti-spam y cuando mandes correo a varios destinatarios utiliza la forma BCC/CCO.

Como he dicho nunca estarás libre al cien por cien de ser infectado o engañado pero puedes reducir las posibilidades de que ocurra y, desde luego, ponérselo más difícil a los que tratan de aprovecharse de la buena fe de los demás. Porque, ¿Quién no tiene hoy en día una cuenta de correo electrónico?

Sobre elecciones o de predadores y predados.

El mejor gobierno es el que no gobierna en absoluto. H.-D- Thoreau

A pocas fechas ya del, para algunos tan anhelado, 20 N, parece oportuno pararse unos instantes a reflexionar sobre lo que significa el hecho de poder acudir a las urnas.

En primer lugar me viene a la mente el hecho de la mayoría de edad, no sólo cronológica e individual; también mental y colectiva. Es un derecho ganado a pulso, tras inmensos esfuerzos no carentes de sangre, sudor y lágrimas, por los que nos han precedido. Es su herencia, herencia que nosotros no sólo hemos de conservar sino en la medida de lo posible aumentar y mejorar para los que vienen detrás de nosotros.

Por otra parte, en tanto que símbolo de mayoría de edad, exige de nosotros madurez, el dejar de lado las cosas de niño (cuando era niño hablaba como niño, pensaba como niño, juzgaba como niño) y utilizar nuestra capacidad para analizar y descifrar, como adultos, lo que se esconde tras los mensajes electorales, tras los gestos y las palabras de los candidatos. Palabras y gestos pensados y medidos por aquellos expertos que diseñan su campaña y cuidan su imagen hasta en los detalles más nimios.

Y para ello no estamos huérfanos de herramientas, que duda cabe que nuestra inteligencia crítica y la emocional a la vez, son dos ayudas imprescindibles, pero lo es también nuestra memoria para reflexionar sobre el comportamiento de partidos y políticos a lo largo de los 4 años de la legislatura que ha pasado. No sólo el gobierno es responsable ante los ciudadanos de su labor. También lo es la oposición, toda. Que de una manera u otra, ya por acción ya por omisión, han consentido o impedido la acción del gobierno.

Mediante el ejercicio de nuestro derecho al voto ejercemos y afirmamos a la vez nuestra independencia de juicio y de criterio, nuestro derecho a decidir por nosotros mismos nuestro futuro. Queremos ser actores de nuestro destino y no simples espectadores. Eso no quiere decir que las cosas por el mero hecho de votar vayan a mejorar sustancialmente, como por arte de magia y que, de repente, nuestro destino vaya a abrirse delante de nosotros de par en par. Sin duda, nos esperan tiempos difíciles pero algo tengo muy claro: todo sería mucho peor sin esta posibilidad de elegir y de tomar, en cierta medida al menos, las riendas de nuestro futuro. ¿Qué es imperfecta? Seguro. Más imperfecto sería no tener siquiera esta posibilidad.

Por lo general, los ciudadanos somos invisibles para los gobiernos, pero es en estas épocas, en las que los profesionales de la ‘res publica’ se vuelcan hacia nosotros, buscando de manera apresurada tapar todos los desplantes de 4 años y dar la imagen de que de verdad les importamos, cuando tenemos la ocasión más contundente de hacer escuchar nuestra voz. El voto, no puede ser un dejar de lado nuestro compromiso y nuestra radical libertad en manos de otros para no hacer frente a nuestra responsabilidad. Nuestro voto, para ser trascendente de verdad, debe ser una afirmación consciente y contundente de nuestra libertad, y ésta como componente irrenunciable de nuestro ser persona.

Varia tópica sobre la Red de Redes

No cabe duda de que Internet ha supuesto el mayor vehículo de transmisión de ideas desde la invención de la imprenta; y si en el siglo xv y más aún en el xvi la aparición de la imprenta fue un elemento revitalizador del pensamiento crítico, tanto en el ámbito de las ideas políticas como en el ámbito de las ideas religiosas y sentó las bases de muchos de los avances posteriores al hacer más accesible el conocimiento a un número mayor de personas. ¡Qué duda cabe que la Reforma es deudora de la invención de Gutemberg!

También en la actualidad Internet pone al alcance de un gran número de personas una ingente cantidad de datos, de información y de ideas. Es una posibilidad casi infinita de aprendizaje continuo pero es, además, una posibilidad de conectar con otros seres humanos, seres humanos de casi cualquier parte del mundo, de condición social diversa y de niveles educativos nada homogéneos. Las ideas circulan como por una vía de alta velocidad y en una cantidad tal y con una exigencia de inmediatez en nuestra respuesta que hace prácticamente imposible su asimilación crítica.

Esa inmediatez hace que junto a ideas maduras, fruto de la atención a los detalles y de una cuidadosa reflexión se mueve una masa informe y gigantesca de consignas y soflamas, que no dejan de tener su utilidad como elemento catalizador del inconformismo, despertador de conciencias y de movilización social; pero se trata de un elemento que por su propia naturaleza no aporta
profundidad, soluciones y, ni mucho menos, verdadero conocimiento. Ese conocimiento es el que debe generar una actuación responsable cuyo fin sea la transformación de la sociedad.

Estamos asistiendo a un verdadero boom de las Redes Sociales, convertidas en auténticos vehículos de transmisión del descontento y de la indignación de los ciudadanos. Las Redes Sociales son un magnífico caldo de cultivo a la hora de crear conciencia colectiva de los abusos e injusticias de los poderosos, de cualquier esfera o ámbito de poder, y son también un magnífico vehículo para
encauzar ese descontento y llevarlo a buen fin o empantanarlo en discusiones bizantinas o en peticiones imposibles de realizar.

Por todo lo dicho esa poderosa arma que es Internet puede volverse en contra de los propios ciudadanos, en contra de aquellos que tratan de mover a sus conciudadanos a una actuación inteligente y a una mirada crítica de la realidad. Por su propia naturaleza, Internet tiende a atomizar a la sociedad que busca en él una herramienta para enfrentar sus problemas de manera conjunta. Ya no es necesario reunirse con los amigos o con los vecinos, no necesitamos vernos, estar cara a cara para llevar a cabo un fructífero intercambio de ideas y opiniones. Basta con tener un ordenador, un smartphone o una tablet con conexión a internet para poder tener una conversación con otro seres humanos. Realmente, no nos conocemos, no conocemos a nuestros interlocutores y no tenemos mayores garantías de que haya una identidad de fondo entre sus vidas y sus palabras.

Esta capacidad atomizadora, disgregadora, favorece a los grupos de poder ya que les permite utilizar las Redes Sociales e Internet en general, para dirigir las opiniones de las personas y ofrecerles a la vez una vía de escape para sus frustraciones. Por eso es tan importante el que personas que no se conocían de nada acudieran a una manifestación o a una acampada de protesta convocada a través de la Red. En esta ocasión, una herramienta que es, por su naturaleza,
disgregadora ha servido, en esta ocasión, para congregar, unir y sumar fuerzas.

A fin de cuentas, Internet no deja de ser una herramienta, y como tal, no es en sí ni buen ni mala y su valoración moral descansa de manera definitiva en la finalidad para la que es usada. Tiendo a desconfiar de todo aquél que llama al conformismo o a la resignación, de aquéllos que anuncian presagios funestos cuyo fin último es provocar el desánimo y la apatía ante la ineluctabilidad de lo
que ha de venir pero que no aportan ideas constructivas ni soluciones.

Hay que aprovechar el poder de la Red y de las Redes Sociales para crear sinergias, para sumar corazones y generar una ‘energía ecuménica’ que nos fortalezca en la defensa del interés común por encima del de las grandes corporaciones y de los partidos políticos. Leer, pensar, compartir y, actuar.

Se trata de aprender a gestionar la inmensa marea de datos que nos ofrece Internet para extraer de ellos información relevante que convertida en conocimiento nos permita tomar decisiones inteligentes y acertadas. Y eso significa actuar, porque el fin último del conocimiento ha de ser transformar el mundo.

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