loqueelolvidooculta

"… para parar las aguas del olvido."

Correo Electrónico y Prevención de Riesgos

¿Quién no tiene hoy en día una cuenta de correo electrónico? Está bien, acepto que hay personas que se resisten a ello por los motivos que sean pero el número de usuarios del correo electrónico es absolutamente masivo. Lástima que ese uso no sea siempre un uso informado y sensato. La inmensa mayoría de usuarios de correo electrónico cree que basta con abrir una cuenta en cualquiera de los proveedores que las ofrecen gratuitamente, ya sea Yahoo, Hotmail o, el cada vez más omnipresente, Gmail; y a partir de ahí todo se reduce a redactar los correos que queremos enviar y leer los que nos envían otras personas.

En un mundo ideal eso sería, sin duda alguna, así;  ya que nadie se metería en la cuenta de otra persona ni aprovecharía la buena fe o la ignorancia del prójimo para propagar virus, gusanos, troyanos y otras infecciones por el estilo. Pero resulta que este mundo en qué vivimos no es perfecto y hay personas que se dedican a estas cosas tan poco agradables para el que las sufre, de ahí que sea necesario tomar algunas precauciones que, si bien no pueden garantiza al cien por cien que nos veamos libres de problemas, al menos minimizarán los riesgos y pondrán más difícil cualquier intento de engaño. Los consejos no son nuevos pero no viene mal recordarlos de vez en cuando y ese es el objetivo de esta nota.

La prudencia es la base de cualquier actuación segura, ni con temor ni temerariamente, reza un lema latino. No es necesario renunciar a los avances tecnológicos por temor a los contagios malintencionados pero tampoco es inteligente negar que existen riesgos a causa de la pésima utilización que algunas personas hacen del conocimiento que poseen. A más de esto hay una serie de normas que deberían ser conocidas y seguidas por todos aquellos que poseen una cuenta de correo electrónico.

  • Utiliza contraseñas seguras y cámbialas regularmente. Utiliza claves con más de ocho dígitos, que sean, al menos, alfanuméricas y si es posible utiliza también otros signos del teclado. Lo ideal sería que utilizaras contraseñas aleatorias y por supuesto, no utilices la misma clave para todo. Si tienes muchas puedes utilizar Clipperz para almacenarlas en línea. Eso sí, asegúrate que la clave de Clipperz es lo suficientemente robusta y compleja. Anótala en alguna libreta segura y recuerda que si la pierdes perderás el resto de las claves.
  • Asegúrate de que la pregunta para recuperar tu clave en caso de olvido sólo puedas responderla tú. Si el número de preguntas es limitado no utilices ese mecanismo de recuperación de contraseña.
  • Asegúrate que durante el proceso de direccionamiento, cuando estás entrando a tu cuenta e introduces tus datos claves, la información esté cifrada y en el navegador aparecen las siglas https, que indican que te encuentras en modo de navegación segura.
  • Limita el contenido HTML es más fácil esconder contenido malicioso entre su código.
  • Desactiva la vista previa, algunos virus se activan al aparecer el contenido sin necesidad de que se abra o descargue el mensaje o el adjunto.
  • Elimina sin abrir los mensajes sospechosos.
  • No abras ningún archivo adjunto sin haberlo analizado previamente con el antivirus, aunque provenga de una dirección conocida.
  • Mantén actualizado tu antivirus y siempre activo.
  • Utiliza un filtro anti-spam y cuando mandes correo a varios destinatarios utiliza la forma BCC/CCO.

Como he dicho nunca estarás libre al cien por cien de ser infectado o engañado pero puedes reducir las posibilidades de que ocurra y, desde luego, ponérselo más difícil a los que tratan de aprovecharse de la buena fe de los demás. Porque, ¿Quién no tiene hoy en día una cuenta de correo electrónico?

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Apuntes dispersos sobre mi experiencia comercial

La clave para avanzar en cualquier empresa o encontrar la solución a un problema comienza por plantearlo de la manera adecuada, o dicho de otro modo, comienza haciéndonos las preguntas correctas que deben ser investigadas. Esta idea no es nueva en absoluto, ya Aristóteles la utiliza al inicio de uno de sus libros más conocidos (Metafísica III, i). Y esto que parece tan sencillo es, en realidad, una tarea que la experiencia nos muestra que no se hace bien o que simplemente no se hace. Por eso fracasan muchos esfuerzos que hubieran merecido mejor éxito. Y a esos planteamientos preliminares que me he hecho siempre corresponden estas notas que ahora comparto. No que yo fuera quien tuvo la idea, así me lo enseñaron y he procurado no olvidar nunca eso que aprendí y me ha resultado tan útil. En mi caso esas cuestiones que he debido elucidar han sido las siguientes: ¿Qué quiero conseguir? ¿Dónde estoy? ¿Cómo llego a donde quiero llegar?

No soy yo un teórico del marketing ni las ventas, me limito a compartir lo que he ido aprendiendo y he visto que me ha funcionado en los más de 20 años que llevo en el mundo de las relaciones con clientes. Seguramente, un especialista en la materia añadiría cosas que no he mencionado, suprimiría algunas que sí he incluido o matizaría ciertas afirmaciones que realizo, pero como mi intención no es realizar un tratado teórico sino compartir mi experiencia personal pido a los expertos su benevolencia.

Primero de todo, un desahogo: estoy cansado de escuchar la frase “este producto es tan bueno que se vende solo”. Si eso fuera cierto muy pocas empresas o ninguna tendría necesidad ni de comerciales ni de marketing, les bastaría tener un buen producto. La realidad es muy diferente, es verdad que el tener en cartera un producto de calidad, que sea fiable, económico y que además sea conocido es una ayuda inapreciable, pero; ¿siempre el cliente se decide por el producto más económico, o por el más famoso? Creo que todos hemos tenido experiencias como compradores en que hemos elegido no por el producto en sí, sino por la persona que nos lo estaba ofreciendo. Por eso, y como fase previa a toda acción comercial concreta quiero señalar que existe la venta que el comercial hace de sí mismo:

  • Conócete a ti mismo: En todo proceso de venta hay una fase previa, me atrevería a decir que una venta previa: la que el comercial realiza de sí mismo. Y es tan importante esta fase previa que puede dar al traste con el trabajo del equipo comercial y de marketing. El modo en que te vendes a tí mismo marcará el éxito final de tu trabajo en una medida no poco importante. Esa manera de acercarte al cliente, de presentarte a él es fundamental, tu primera reunión presencial muchas veces va precedida de llamadas telefónicas, envío de correos electrónicos, etc. que han permitido a tu interlocutor hacerse una imagen o una idea de tí. Por otra parte, cualquier persona un poco curiosa puede buscar tu identidad digital y verte en Linkedin, Twitter o FB. Cuida de manera muy concreta y especial esos preliminares, no malogres una operación por descuidar esta fase previa. Examina y conoce con atención tus puntos fuertes y débiles, y no dejes flancos abiertos en las redes sociales o en anteriores clientes.

Para lo demás, enumero en orden alfabético los principios que han informado mi actuación a lo largo de estos años, así me evito el tener que justificar el orden o confundir a nadie haciéndoles creer que enumero en orden de importancia, en todo caso todos ellos, en su conjunto, han contribuido de manera eficaz y eficiente a mantenerme en este negocio durante todos estos años, no siempre todos a la vez ni en la misma proporción, pero sí han sido útiles cuando he necesitado de ellos.

  • Conoce a tu interlocutor: Tómate la molestia y el tiempo de investigar la empresa a la que vas a ofertar vuestros servicios o productos, trata de buscar la información que puedas sobre tu interlocutor; busca en Google, averigua si participa en alguna red social. Trata de hablar con personas que puedan conocerle y trata de llegar a tu encuentro con tanta información como te sea posible, cuánto más sepas de tu interlocutor mejor podrás desarrollar tu tarea.

  • Escucha activamente: No hay que engañarse, el objetivo final de un comercial es la venta, ya sea de un producto o de un servicio. Pero ésta ha de lograrse mediante la satisfacción de las expectativas del cliente. Una venta no consiste es marear al cliente con tu charla hasta que al final por aburrimiento te dice que sí y en cuanto te has ido y se le pasa el mareo cancela el pedido y da orden de que no vuelvas a pasar del umbral de la oficina. Un proceso de venta no consiste tampoco en exponer al cliente todo el portfolio de maravillosos productos y servicios que ofrecemos y confiar en que alguno de ellos encaje por características y/o precio en sus necesidades. En mi opinión, un buen comercial debe escuchar a su cliente y guiarle con sus preguntas a descubrir sus necesidades, y a plantearlas de manera que queden claras tanto para el cliente como para ti. Es fundamental llegar al final del proceso con la sensación y la certeza de que el cliente ha expresado con claridad lo que necesita y de que tú lo has entendido de manera clara. La escucha activa es una técnica que se aprende y se mejora con el tiempo, deja que tu cliente hable, atrévete a preguntar y haz preguntas abiertas que provoquen respuestas amplias.

  • Honestidad: La honestidad es el principal activo de un comercial, es su fuente de crédito, si la pierde ya puede buscarse otra profesión porque este mundo es un pañuelo y las malas noticias vuelan más deprisa que el tiempo. En el proceso de venta el cliente muchas veces te cuenta más lo que quiere que lo que realmente necesita. A veces porque lo ha visto a otra empresa de la competencia, una tarea muy importante es ponerle las cartas sobre la mesa y no engañarle al respecto, si quiere matar moscas a cañonazos es conveniente decirle con claridad que con un insecticida tiene de sobra, o a lo sumo con una pequeña provisión de ellos. Esto, que puede ser visto a corto plazo como una posibilidad de una gran venta perdida, en el medio y en el largo plazo consolidarán tu imagen como una persona honesta, fiable y con sentido común a quien se puede escuchar y de quien se puede uno fiar.

  • Mantén todas las opciones abiertas: En una negociación debes conocer lo mejor posible tu terreno de juego y debes tener la capacidad de poder moverte libremente por él. Debes manejar diversos escenarios antes de ver a tu interlocutor y tener preparadas soluciones para todos ellos. Es importante dejarte siempre abierta una puerta por la que poder salir con dignidad en caso de necesidad o por la que dejar salir a tu cliente, tan negativo es para tí quedar en evidencia como dejar en evidencia a tu cliente.

  • Respeta a tu interlocutor: El cliente no es un mal necesario para poder desarrollar tu tarea y llevarte a final de mes tu sueldo a casa. No le trates como a un menor a quien hay que decir lo que debe hacer, en vez de eso velo como un colaborador necesario, tal vez el más necesario en tu tarea. Para ello, y en relación con el tema de la honestidad debes hablarle con claridad de las opciones que más se ajustan a sus necesidades y no tratar de venderle lo último en tecnología ni lo más espectacular que hay en el mercado para ser el más cool. Infórmale, dale opciones y que él elija de manera consciente, creo que el cliente valora este tipo de trato maduro, en el que su opinión es consultada, y en el que, por lo tanto, se siente escuchado. Y si debes decirle no, dices no, y no pasa nada. Es más sensato decir “no” a tiempo que decir “sí” y que el tiempo demuestre que era un “no”. Este tipo de actuaciones erosionan la confianza y acaban cerrando posteriores opciones de negocio, eso si no cierran la opción actual.

Tecnología y ser humano

Crear herramientas y utilizarlas forma parte de lo que el ser humano es en cuanto ser humano. La tecnología, en sus diferentes estadios de avance, ha estado presente como compañera inseparable a lo largo de la evolución de la humanidad. Y eso no ha cambiado en nuestros días, antes bien, esa cercanía e imbricación entre tecnología y ser humano se ha ido acentuado durante las últimas dos décadas.

La tecnología, en general, y la tecnología de la información, en particular, forma parte indisoluble de nuestras vidas. Ordenadores, tabletas y teléfonos móviles son ya parte indispensable de nuestra indumentaria cotidiana. Forman parte de nuestro paisaje diario, son herramientas que manejamos con la misma familiaridad con que manejamos los cubiertos o cualquier objeto de nuestra vida diaria. Es cierto que todavía quedan espacios que, como la aldea gala, permanecen irreductibles al invasor y no rinden culto al último modelo de iPhone o de tableta; que no saben que es Android, Mac OS, Windows 8 o Linux, para los cuales navegar significa realizar un viaje en barco o en globo, y el nombre de Bill Gates les recuerda sólo uno de esos millonarios que todos los años aparecen en la portada de la revista Forbes.

Este grupo es, cada vez, menos numeroso y es tan sólo una cuestión de tiempo (y hablo aquí literalmente) que no queden en los países avanzados analfabetos digitales. Es indudable que la tecnología nos ha traído una cantidad importante de cosas buenas, y que nos ha transmitido la mejor imagen de la aldea global en que se ha convertido nuestro planeta. Podemos seguir en tiempo real desde la comodidad de nuestra sala de estar, desde nuestra oficina o acomodados en la barra de un bar mientras nos tomamos un café con los amigos, las protestas de indignados en Nueva York o una manifestación del 15M en cualquier ciudad de España, el devenir de las bolsas o podemos ver el último videoclip de nuestra banda predilecta. No necesito estar en mi oficina o en mi casa para tener acceso a mis documentos importantes o a mis facturas. Puedo descargarme lo que necesite desde la nube a mi teléfono inteligente y compartirlo con mis amigos, colegas de trabajo o clientes allí donde esté.

Esto que a primera vista supone un avance de dimensiones casi cósmicas en cuanto a la concepción del trabajo y del ocio es, a la vez, una amenaza directa al ser humano. Ya no se diferencian espacios, trabajo/ocio; oficina/hogar. Cualquier lugar puede ser tu oficina o tu hogar, cualquier momento puede suponer trabajo u ocio. Corremos el riesgo de que algo que fue creado para facilitarnos la vida en sus diferentes ámbitos nos acabe absorbiendo y acabe diluyendo las fronteras entre esos ámbitos. Nos podemos encontrar con que la herramienta pensada y creada para servirnos se acabe convirtiendo en señor y no en siervo. Y no hablo sólo de las personas que se enganchan a los videojuegos o a sus teléfonos y están siempre pendientes de lo que ocurre en Twitter y compartiendo con todos en Foursquare el maravilloso tugurio donde están tomándose un combinado con un cliente o un conocido. Sino de aquellos que han perdido la capacidad para separar el ámbito familiar del laboral, el trabajo del ocio y que, en medio de una reunión familiar, utilizan su tableta para enviar un formulario a tal o cual cliente o compañero (seguro que a más de uno le resulta familiar la escena).

Tanto los desarrollos tecnológicos como el uso que hacemos de ellos deben estar centrados en el ser humano, en su desarrollo y en sus necesidades. El objetivo debe ser facilitar su vida, sus tareas, hacer más ágil y eficaz todo lo relacionado con su supervivencia y bienestar, pero sin privarle de su libertad y de su capacidad y tiempo para la trascendencia. ¿Cuál es el horizonte sobre el que se dibujan los avances tecnológicos? ¿Sólo el derivado del beneficio económico que esos desarrollos pueden generar o es el ser humano en sí?

Ciertamente las máquinas son máquinas y los programas informáticos son lo que son, una sucesión de líneas de código, en ambos casos hablamos de entidades que no son capaces de humanidad en sí. Pero es obvio que sus usuarios y desarrolladores sí lo son. De ahí la importancia de que tanto unos como otros tengan en cuenta y recuerden que el objeto de su trabajo es el ser humano, que la tecnología es una creación al servicio de la humanidad y no al revés. Es el propio ser humano quien debe fijar los criterios que deben guíar el desarrollo y la utilización de la tecnología.

Por tanto el ser humano debe orientar la tecnología hacia un fin (telos) ético. Sin duda alguna se puede discutir mucho sobre el fin de los desarrollos tecnológicos y en qué ha de consistir ese fin ético. Yo me he propuesto simplemente señalar esa necesidad y apuntar algunas cuestiones prácticas que considero oportunas:

  • La tecnología no puede ser un fin en si mismo. Debe ser capaz de facilitar la vida al ser humano.
  • La tecnología no puede inducir al consumo inmoderado. Y sin duda este punto está vinculado de manera muy evidente con el primero.
  • Los productos tecnológicos deben desarrollarse con visión de largo plazo, han de ser duraderos en el tiempo. No pueden estar sometidos al vaivén de las modas.
  • La tecnología debe estar concebida para facilitar la integración de los colectivos con dificultades físicas, sean éstas del tipo que sean.
  • La tecnología debe estar al alcance de todos, se debe trabajar para reducir la brecha digital y evitar la exclusión por motivos económicos o sociales.
  • La tecnología no puede depender de los intereses de multinacionales.
  • Y en todo caso no puede contribuir a la deshumanización del ser humano ni al sometimiento de unos seres humanos por parte de otros.

Esa lista, trazada a vuelapluma, sin duda es incompleta y alguien con más capacidad, conocimientos y tiempo que yo, la habrá hecho o la hará más detalladamente y con más enjundia. El único interés de este post era ayudarme a pensar en la relación entre tecnología y ser humano; y tal vez, promover esa reflexión en otros.

Sobre elecciones o de predadores y predados.

El mejor gobierno es el que no gobierna en absoluto. H.-D- Thoreau

A pocas fechas ya del, para algunos tan anhelado, 20 N, parece oportuno pararse unos instantes a reflexionar sobre lo que significa el hecho de poder acudir a las urnas.

En primer lugar me viene a la mente el hecho de la mayoría de edad, no sólo cronológica e individual; también mental y colectiva. Es un derecho ganado a pulso, tras inmensos esfuerzos no carentes de sangre, sudor y lágrimas, por los que nos han precedido. Es su herencia, herencia que nosotros no sólo hemos de conservar sino en la medida de lo posible aumentar y mejorar para los que vienen detrás de nosotros.

Por otra parte, en tanto que símbolo de mayoría de edad, exige de nosotros madurez, el dejar de lado las cosas de niño (cuando era niño hablaba como niño, pensaba como niño, juzgaba como niño) y utilizar nuestra capacidad para analizar y descifrar, como adultos, lo que se esconde tras los mensajes electorales, tras los gestos y las palabras de los candidatos. Palabras y gestos pensados y medidos por aquellos expertos que diseñan su campaña y cuidan su imagen hasta en los detalles más nimios.

Y para ello no estamos huérfanos de herramientas, que duda cabe que nuestra inteligencia crítica y la emocional a la vez, son dos ayudas imprescindibles, pero lo es también nuestra memoria para reflexionar sobre el comportamiento de partidos y políticos a lo largo de los 4 años de la legislatura que ha pasado. No sólo el gobierno es responsable ante los ciudadanos de su labor. También lo es la oposición, toda. Que de una manera u otra, ya por acción ya por omisión, han consentido o impedido la acción del gobierno.

Mediante el ejercicio de nuestro derecho al voto ejercemos y afirmamos a la vez nuestra independencia de juicio y de criterio, nuestro derecho a decidir por nosotros mismos nuestro futuro. Queremos ser actores de nuestro destino y no simples espectadores. Eso no quiere decir que las cosas por el mero hecho de votar vayan a mejorar sustancialmente, como por arte de magia y que, de repente, nuestro destino vaya a abrirse delante de nosotros de par en par. Sin duda, nos esperan tiempos difíciles pero algo tengo muy claro: todo sería mucho peor sin esta posibilidad de elegir y de tomar, en cierta medida al menos, las riendas de nuestro futuro. ¿Qué es imperfecta? Seguro. Más imperfecto sería no tener siquiera esta posibilidad.

Por lo general, los ciudadanos somos invisibles para los gobiernos, pero es en estas épocas, en las que los profesionales de la ‘res publica’ se vuelcan hacia nosotros, buscando de manera apresurada tapar todos los desplantes de 4 años y dar la imagen de que de verdad les importamos, cuando tenemos la ocasión más contundente de hacer escuchar nuestra voz. El voto, no puede ser un dejar de lado nuestro compromiso y nuestra radical libertad en manos de otros para no hacer frente a nuestra responsabilidad. Nuestro voto, para ser trascendente de verdad, debe ser una afirmación consciente y contundente de nuestra libertad, y ésta como componente irrenunciable de nuestro ser persona.

Carpe Uitam

Escucha el sonido de tu sangre borbotando en tus venas,

no cierres los ojos a la vida que te invita a su banquete festivo.

Atrévete a vivir sabiéndote infinito en tu destino,
escucha atentamente la música callada que te invita
y súmate al cortejo de la vida.

Echate a la calle, disfruta cada instante y el aire saborea
que hincha tus pulmones. Acércate a la gente, escucha sus palabras y silencios.
Mastica cada instante, sumérgete en el vértigo de saber que estás vivo,
que es la vida un suspiro aunque eterna parezca a los sentidos.

No escuches oráculos funestos, ni des crédito a presagios agoreros
de aquellos que ni se atreven a vivir ni quieren que otros vivan.
Desecha el desaliento y la derrota, una caida es sólo una ocasión de levantarte
y demostrar el temple de tu acero. Camina, alta la frente, sabiendo que         estás vivo.

Atrévete a ser libre, protagonista y guionista de tu historia,
que nadie más la escriba. Tú eres, no lo olvides, un ser único…
sueña cada día y vive tu sueño, los sueños nos liberan…

Se siempre fiel a tí y a tus principios.

Se intenso, la mediocridad nada creó ni hizo nada que fuera recordado.

Destierra el silencio, que ata al miedo y encadena; la palabra es un arma poderosa
aprende a utilizarla, la poesía puede cambiar el mundo, aunque muchos no crean.

Disfruta, goza, corre, salta, ríe, canta, baila, llama, habla, come, bebe, … ama … vive

De la brevedad o la extinción

 

 

 

 

 

 

 

Yo soy la muerte cierta a todas criaturas

que son y serán en el mundo durante.

Demando y digo: O hombre ¿por qué curas

de vida tan breve en punto pasante?

Danza General de la Muerte

Tiene el ser humano moderno la extraña idea de que va a perdurar indefinidamente y aleja de sí todo lo que le recuerda la precariedad de su propia existencia. Los avances tecnológicos y científicos nos han creado la ilusión de una vida más larga, menos dolorosa; y hemos desterrado de la cotidianidad todo lo que nos recuerda que nuestro ser es dolorosamente contingente.

Vivimos como si fuéramos a ser dueños de nuestras vidas y de nuestras posesiones para siempre, las defendemos y acrecemos hasta el último suspiro sin pensar que al final otro será quien disfrute lo que nosotros hemos sudado día a día.

¿Para qué seguir estudiando, aprendiendo y mejorando? ¿Para qué el esfuerzo por saciar un apetito que no puede ser saciado, que aumenta con cada bocado y se hace más insaciable en cada sorbo? Cuando la tumba se trague mis huesos ¿Qué será de todo ese esfuerzo? A nadie aprovechará ya.

El dolor, el sufrimiento y la muerte forman parte de la vida en la misma medida que el placer, la fiesta y el regocijo. Eso es así a pesar de que los hemos empujado debajo de la alfombra. Los hemos confinado en los confines últimos e ignotos de nuestra realidad. Pero son tercos y antes o después acaban presentándose en nuestra fiesta con su máscara de fealdad.  Cuanto más pensemos en ello y menos esfuerzos hagamos por expulsarlos de nuestra realidad diaria más plenamente viviremos y sacaremos el tuétano a cada día; y con mayor facilidad colocaremos nuestras circunstancias en su justa perspectiva.

Sin duda alguna merece la pena esforzarse y es mejor ser sabio que necio, aunque eso implique mayores decepciones, también permite saborear más plenamente las victorias y los momentos plenos de los objetivos alcanzados. Lo importante es vivir la plenitud de la vida que se nos ha concedido, sin esconder su fealdad ni subestimar su belleza.

Varia tópica sobre la Red de Redes

No cabe duda de que Internet ha supuesto el mayor vehículo de transmisión de ideas desde la invención de la imprenta; y si en el siglo xv y más aún en el xvi la aparición de la imprenta fue un elemento revitalizador del pensamiento crítico, tanto en el ámbito de las ideas políticas como en el ámbito de las ideas religiosas y sentó las bases de muchos de los avances posteriores al hacer más accesible el conocimiento a un número mayor de personas. ¡Qué duda cabe que la Reforma es deudora de la invención de Gutemberg!

También en la actualidad Internet pone al alcance de un gran número de personas una ingente cantidad de datos, de información y de ideas. Es una posibilidad casi infinita de aprendizaje continuo pero es, además, una posibilidad de conectar con otros seres humanos, seres humanos de casi cualquier parte del mundo, de condición social diversa y de niveles educativos nada homogéneos. Las ideas circulan como por una vía de alta velocidad y en una cantidad tal y con una exigencia de inmediatez en nuestra respuesta que hace prácticamente imposible su asimilación crítica.

Esa inmediatez hace que junto a ideas maduras, fruto de la atención a los detalles y de una cuidadosa reflexión se mueve una masa informe y gigantesca de consignas y soflamas, que no dejan de tener su utilidad como elemento catalizador del inconformismo, despertador de conciencias y de movilización social; pero se trata de un elemento que por su propia naturaleza no aporta
profundidad, soluciones y, ni mucho menos, verdadero conocimiento. Ese conocimiento es el que debe generar una actuación responsable cuyo fin sea la transformación de la sociedad.

Estamos asistiendo a un verdadero boom de las Redes Sociales, convertidas en auténticos vehículos de transmisión del descontento y de la indignación de los ciudadanos. Las Redes Sociales son un magnífico caldo de cultivo a la hora de crear conciencia colectiva de los abusos e injusticias de los poderosos, de cualquier esfera o ámbito de poder, y son también un magnífico vehículo para
encauzar ese descontento y llevarlo a buen fin o empantanarlo en discusiones bizantinas o en peticiones imposibles de realizar.

Por todo lo dicho esa poderosa arma que es Internet puede volverse en contra de los propios ciudadanos, en contra de aquellos que tratan de mover a sus conciudadanos a una actuación inteligente y a una mirada crítica de la realidad. Por su propia naturaleza, Internet tiende a atomizar a la sociedad que busca en él una herramienta para enfrentar sus problemas de manera conjunta. Ya no es necesario reunirse con los amigos o con los vecinos, no necesitamos vernos, estar cara a cara para llevar a cabo un fructífero intercambio de ideas y opiniones. Basta con tener un ordenador, un smartphone o una tablet con conexión a internet para poder tener una conversación con otro seres humanos. Realmente, no nos conocemos, no conocemos a nuestros interlocutores y no tenemos mayores garantías de que haya una identidad de fondo entre sus vidas y sus palabras.

Esta capacidad atomizadora, disgregadora, favorece a los grupos de poder ya que les permite utilizar las Redes Sociales e Internet en general, para dirigir las opiniones de las personas y ofrecerles a la vez una vía de escape para sus frustraciones. Por eso es tan importante el que personas que no se conocían de nada acudieran a una manifestación o a una acampada de protesta convocada a través de la Red. En esta ocasión, una herramienta que es, por su naturaleza,
disgregadora ha servido, en esta ocasión, para congregar, unir y sumar fuerzas.

A fin de cuentas, Internet no deja de ser una herramienta, y como tal, no es en sí ni buen ni mala y su valoración moral descansa de manera definitiva en la finalidad para la que es usada. Tiendo a desconfiar de todo aquél que llama al conformismo o a la resignación, de aquéllos que anuncian presagios funestos cuyo fin último es provocar el desánimo y la apatía ante la ineluctabilidad de lo
que ha de venir pero que no aportan ideas constructivas ni soluciones.

Hay que aprovechar el poder de la Red y de las Redes Sociales para crear sinergias, para sumar corazones y generar una ‘energía ecuménica’ que nos fortalezca en la defensa del interés común por encima del de las grandes corporaciones y de los partidos políticos. Leer, pensar, compartir y, actuar.

Se trata de aprender a gestionar la inmensa marea de datos que nos ofrece Internet para extraer de ellos información relevante que convertida en conocimiento nos permita tomar decisiones inteligentes y acertadas. Y eso significa actuar, porque el fin último del conocimiento ha de ser transformar el mundo.

Haz lo que no hago, o cuando las serpientes enseñan.

Haz lo que digo pero no hagas lo que hago. Esa parece ser la máxima que inspira la actuación de muchos políticos, empresarios y otros famosos. Personas que por su capacidad de influir en grandes grupos debieran ser modelos de conducta ética y que, sin embargo, presentan con frecuencia una doble moral: por un lado están sus palabras y por otro sus acciones, como si pudiera dislocarse la vida y separar de manera radical lo que hacemos de lo que decimos. Finalmente, nuestras acciones son infinitamente más elocuentes que nuestras palabras, lo que hacemos se ve desde lejos y queda grabado con más fuerza en nuestras mentes que lo que el viento se lleva.

Somos seres unitarios y, nos guste o no, el modo en que los demás nos ven viene marcado más por nuestras acciones que por nuestras palabras. Cuando la comunicación no era tan instanténea y tan veloz como lo es hoy, en tiempos en los que, salvo el entorno más cercano, nadie conocía a las personas influyentes más que por sus escritos o discursos, por sus palabras en suma, se podía mantener una ficción, una imagen de persona ética y sensata; pero hoy en día, cuando los actos de las personas conocidas están en los telediarios, en los periódicos y revistas, o en internet; las palabras ocupan un lugar menos importante ya que encuentran el contrapeso eficaz, y en ocasiones demoledor de las acciones del conocido.

¡Cómo nos gusta aparentar lo que no somos pero nos gustaría ser! Pero, por fortuna para todos, esa continua exposición a la vista del común hace que una ficción no pueda ser mantenida de manera indefinida y ni siquiera larga por nadie cuya vida esté sometida al escrutinio inquisidor de los focos.

Sería, sin duda, más fácil llevar una vida sin dislocamientos en la que hablar y hacer fuesen una y la misma cosa. Una vida sin esquizofrenias ni dobleces en la que la honestidad fuese un valor auténtico y verdadero que rigiera nuestra vida y nuestras relaciones, nuestras actuaciones en el ámbito individual y en el profesional. Una verdadera actuación ética haría mucho más rico y efectivo nuestro mercado laboral y la relación entre nuestras empresas. Seguro que se evitaría más de una quiebra si la honestidad dirigiese las relaciones intra e inter organizacionales.

Pero de momento lo que toca es seguir peleando para que ese sueño sea una realidad, cada uno debe poner su granito de arena, Cierto que puede parecer que es insuficiente lo que podemos hacer pero; cada pequeño esfuerzo sumado a otros muchos pequeños esfuerzos al final suma un resultado no insignificante. Grano a grano se llena el granero, y cada grano suma al total. Ese es nuestro trabajo, sumar hasta llegar a la meta que anhelamos, un mundo más ético y mejor.

Voluntad de vivir

Me miro en el espejo, justo antes de afeitarme, y a veces no reconozco ese rostro que enfrente de mi gesticula y hace muecas, somnoliento. Otro día, veinticuatro horas intensas, para vivir. Quiero vivir, me aferro a la esperanza y me digo que todo va a salir bien. “Repite conmigo, hoy es un día especial porque es el que tienes, lo que hoy no hagas lo habrás dejado escapar, vive.”

Me convenzo de que soy un gran tipo y después de darme una ducha, un café. Ahora el mundo empieza a girar de verdad. Empiezan a cobrar sentido en mi corazón las palabras y querer y poder comienzan a empujar en la misma dirección. Tras la segunda taza, ya estoy convencido totalmente: ‘el mundo está bien hecho’.

Tomo posesión de mí y de mi destino, y sé que nadie puede arruinarme el día. Yo decido como encajar los regalos y los golpes del destino. Y no, no me conformo con dejarme dirigir, con la vida fácil del no tener que pensar. Quiero pensar, quiero ser responsable de mi vida, quiero aceptar las consecuencias de mis actos, no me escondo. Soy lo que veis, lo que leéis más bien.

Atrévete a pensar, a decidir. Arriésgate a actuar, asume después las consecuencias. En eso consiste ser libre y por ende ser humano; en tomar las riendas de tu vida, en aceptar los desafíos, en tomar decisiones y actuar sin ocultarte detrás del burladero. Vivir no es ver los toros desde la barrera, es estar en el ruedo. Nadie puede vivir por ti, aunque te escondas, aunque huyas, aunque entregues tu voluntad a otro, eso que haces son ya decisiones, y son actos.

¿Por qué dejar que otro decida por mi? ¿Porque entregar la vida en rendición sin honra? Vivir es caminar, y es luchar y es sentir y es pensar. Y hacer todo eso en compañía, contigo. No solo. Siempre a tu lado, sabiéndote a mi lado. Porque vivir es donación, es abrirse y vaciarse llenar y dejarse llenar para volver de nuevo a vaciarse.

Es hermoso vivir, sabiéndote compartido y compartiendo. Sabiendo que no estás solo, que eres compañía y estás acompañado. En medio de las palabras, el silencio, profundo y verdadero, de saber que no estamos solos. Que esas palabras que leemos y que compartimos con tantos alejarán de nosotros la soledad del olvido.

De pasados y sueños

Pienso en el pasado, no se si fue mejor, o fue lo mismo que ahora. Una inmensa masa humana esperando ser amasada, formada para ser horneada y después del fuego, engullida por brutos hambrientos.

No se si fue mejor, pero si lo son mis recuerdos y los retratos en blanco y negro de cuando aún no tenía recuerdos. Y aún antes de ellos los recuerdos en sepia o al oleo. En ellos se encuentran represados los recuerdos de los que me precedieron.

No veo en esos colores viejos, que me legaron, sus sudores ni sus deseos, ni veo sus luchas ni arrebatos. Pero veo en sus miradas, y en esos rostros adustos, ceremoniales y serios; el calor de la vida, el saberse perpetuos en el instante fugaz de esa pose fingida.

¡Oh poder de la mente magnánimo! Que nos empuja a olvidar los momentos amargos. Así cualquier tiempo pasado, decimos, tuvo mayor vigor que aquél en el que vivimos. Todo es más fácil de lo que parece, todo es cuestión de recuerdos y sueños. Lo vivido y lo anhelado. Dos silencios que chocan y la vibración que ese encuentro origina da a luz de manera inmediata al instante presente.

En el fondo, todo es igual y todo ha cambiado, para seguir siendo lo mismo. La misma masa humana amasada por el mismo rodillo, formada para el horno y el fuego y para ser devorada por los mismos collares caninos. Los mismos colores, los mismos esquemas y la misma pose con la misma vacua certeza de supervivencia. Con el mismo poderoso deseo de perdurar más allá del olvido.

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