loqueelolvidooculta

"… para parar las aguas del olvido."

Navegadores Web alternativos

No voy a contar en este post qué es un navegador web (web Browser) ni tampoco como funciona o su interesante historia desde que viera la luz el primero allá por 1990. ¿Qué voy a contar entonces? Me voy a limitar a ofreceros una lista de navegadores disponibles actualmente, más allá de los más conocidos y que la mayor parte de los usuarios utilizan. Porque hay vida más allá de Internet Explorer, Chrome, Mozilla FireFox o Safari. Estos navegadores tienen una extensión y un público lo suficientemente amplio como para necesitar presentación, pasemos a otros menos conocidos y utilizados:

Primero quiero cita un navegador de solidez y calidad contrastada pero que no tiene una amplia cuota de mercado y tal vez no todos conozcan aún, me refiero a Opera. Este navegador ha sido pionero en la incorporación de muchas de las características que hoy día tienen los navegadores más conocidos: zoom, búsqueda integrada, y además pusieron de moda las, hoy imprescindibles, pestañas. Es, sin duda, mi navegador favorito, rápido y seguro. Es un navegador multiplataforma que permite unos resultados óptimos en conexiones lentas a internet con su función turbo de optimización de la conexión y de la descarga de sitios web. Por otra parte es más pequeño que otros navegadores, con lo que ocupa menos espacio en tu disco duro, por lo que si tienes un sistema con recursos limitados es tu navegador adecuado. Soporta la mayor parte de los estándares de encriptación, además protege tu información personal cuando la utilizas en línea. Funciona con HTML, XML, CSS, HTTP, XHTML y los implementa siguiendo puntualmente las recomendaciones oficiales. Es compatible con entornos Windows, Mac, Linux, existe una versión para dispositivos móviles, consolas de videojuegos, como el Nintendo Wii, DS, o Sony Mylo.

Ace Explorer: Se trata de un navegador freeware basado en Internet Explorer, una de sus características más interesantes es que te permite eliminar el rastro que vas dejando mientras navegas, además tiene la opción de bloquear imágenes, vídeos, sonidos y componentes ActiveX. Permite, de manera centralizada en un único botón, administrar diferentes pestañas, todas pueden ser refrescadas, detenidas o cerradas con un solo gesto del ratón. Puedes enocntrar su web haciendo click aquí.

Avant Browser: Es otro navegador freeware basado en Internet Explorer, permite crear un lista negra de páginas web que no se abrirán en el navegador, además tiene u funcionamiento más rápido. Tiene 44 idiomas establecidos. Puedes ver aquí más información sobre este navegador.

Acoo Browser: Seguimos con los navegadores freeware basados en Internet Explorer pero que presentan mejoras con respecto al navegador de Microsoft. Incluye muchas características avanzadas como Movimientos del Mouse, Visor del código fuente HTML de la página web con sintaxis resaltada, un poderoso Analizador de páginas web incorporado, bloqueador de ventanas emergentes recuperable, supresión de errores en las secuencias de comandos, etc. Para más información pincha aquí.

Green Browser: Se trata de un navegador freeware multiventana basado en Internet Explorer. Entre las opciones que ofrece encontramos: filtro de publicidad, autoguardar, zoom e página, etc. Más información siguiendo este enlace.

K-Meleon: Es un navegador freeware basado en el motor de Mozilla. Es un navegador sencillo y eficiente. También posee la función de los gestos del Mouse, introducida por Opera. Te permite mantener un completo control sobre el aspecto y las funcionalidades del navegador. En su página encontrarás todo lo que necesitas.

SeaMonkey: No es sólo un simple navegador web, es una Suite de Internet que cuenta con un navegador, un cliente de correo electrónico, un cliente IRC, un alibreta de contactos y un editor de páginas web. Está basado en las aplicaciones de la Suite de Mozilla y se puede utilizar en diferentes plataformas: Linux, MacOSX, OS/2, Solaris y Windows. Tiene versión en español, puedes descargarte esta suite desde su página web.

Konqueror: Es un navegador web que forma parte del proyecto oficial KDE. Es un software de código abierto, bajo licendia GPL. Posee una interfaz de ususario altamente personalizable, trabaja con paneles y los paneles pueden ser añadidos y recolocados. Es un navegador muy interesante, que tiene una puntuación de 89/100 en el Test Acid3. En su página web hay mucha más información.

Hay muchos otros navegadores y suites de Internet que podrían citarse, pero para empezar a probar algo que no sea lo de siempre este es un buen principio. Existe una buena comparativa de los diferentes navegadores web que aporta interesante información sobre los diferentes navegadores.

De la piedra al e-book. Brevísima biografía de los soportes de la escritura

Ahora que el libro electrónico ha alcanzado una madurez técnica que permite alcanzar calidades de tinta y papel y con una penetración que sin ser, tal vez, aún mayoritaria si ha alcanzado unos niveles respetables, me ha parecido oportuno hacer un breve repaso de los diferentes soportes que ha utilizado el ser humano para registrar su palabra por escrito y trasmitirla a los que habían de venir después.

El soporte más antiguo para consignar por escrito las palabra hablada es la piedra, y hasta nosotros han llegado inscripciones de la antigüedad sobre este soporte. Son en general breves, no resulta fácil grabar sobre ella los signos y eso explica, sin duda, la brevedad de las inscripciones. Pero como lo que me interesa es el libro comenzaremos por las tablillas de arcilla mesopotámicas (III milenio a.C.). Los escribas mesopotámicos utilizaban un instrumento llamado stilus para grabar los signos en la arcilla blanda que luego sería cocida para que lo escrito se conservara. Esa escritura es la que conocemos como “Escritura Cuneiforme” y fue utilizada por sumerios y asirios.

Tembién la madera fue un soporte para la escritura, fue utilizada en Sumeria y en Egipto fue muy utilizada junto con el papiro, posiblemente debido a su abundancia y a que era un soporte barato y fácil de preparar. De la abundancia de uso nos queda una evidencia, la palabra castellana “libro”. “Libro” proviene del latín liber y esta palabra en su origen significa ‘parte interior de la corteza de los árboles’. Plinio el Viejo nos da testimonio del uso de la madera antes de que se extendiera la utilización de otros elementos como el papiro o el papel:

Primero se usaron hojas de palma para escribir y después la corteza de ciertos árboles (Plinio el Viejo: Historia natural, 13.21)

Estas tablillas de madera se unían formando dípticos y podían incluso tener asas. Podían utilizarse sin estar preparadas o bien podían preparase con cera o con estuco. En Grecia y Roma estas tablillas enceradas fueron utilizadas con profusión y constituyeron un importante soporte para la escritura. En este soporte se conservan las fábulas de Babrio y poemas de Calímaco. Para escribir en ellas se utilizaba un objeto punzante, un estilo metálico o un punzón. Pero a diferencia de lo que ocurre hoy al utilizar un bolígrafo que lo que hacemos es pintar las letras con tintas de diferentes colores, lo que ellos hacían eran incisiones en la cera o en la madera y extraían o arrancaban pedazos del soporte que utilizaban: la cera o la madera. Y de ahí procede nuestra palabra “escribir”. Esta procede de la forma latina scribere que significa ‘arañar, raspar’. Como se ve una forma muy gráfica de denominar al proceso. También nuestra palabra “album” está relacionada con este soporte. Algunas tablillas se preparaban con especial cuidado y se blanqueaban con cal. Se utilizaban para registrar leyes, edictos y otros documentos importantes y se conocían con el nombre de tabulae dealbatae o album. “Album” es el neutro del adjetivo albus,-a,-um; que significa blanco, por el color que le proporcionaba la cal. Con estas tablillas los romanos podían formar dípticos, trípticos y polípticos que se denominaban caudices, de donde procede la palabra castellana “códice”, que es la denominación que se dio a los libros tal como hoy los conocemos y que aparecieron durante los primeros siglos de la era cristiana. Con la palabra códice se nombra a los libros anteriores a la aparición de la imprenta.

Y llegamos al papiro, que durante milenios fue la materia preferida para consignar por escrito el lenguaje hablado: el Papiro. que consistía en unas hojas fabricadas con los filamentos de la Cyperus papyrus, Papyrus en latín. De ésta palabra deriva la palabra castellana ‘papel’ (paper en inglés, papier en francés, etc.). Este soporte fue habitual entre los egipcios, los griegos y también los romanos y se utilizó hasta el siglo XI de nuestra era. Plini el Viejo en su Historia natural ( XIII, xxi-xxiii) nos ha transmitido una descripción del proceso mediante el cual se hacían esas hojas, pero los especialistas modernos en egiptología no están seguros de que sea del todo exacta. Las hojas que se obtenían tras la preparación de la planta se cosían unas a otras por la parte más ancha, hasta un másimo de veinte. Con esas hojas se formaban rollos que en latín recibían el nombre de charta, palabra de la que derivan los vocablos castellanos ‘carta’ y ‘cartel’. La elaboración del papiro era un monopolio real y su uso se universalizó en la época de Alejandro Magno.

El soporte que vino a sustituir conel tiempo al papiro fue el pergamino, que recibe su nombre de la ciudad de Pérgamo, que se había convertido en la ciudad productora por excelencia de este material. Cuenta la leyenda que cuando se fundó la bilbioteca de Pérgamo, ésta necesitó grandes cantidades de papiro para poder transcribir todos los volúmenes que iban a conformar la nueva biblioteca, pero el rey Ptolomeo Filadelfo, celoso de que la nueva biblioteca arrebatara a la bilbioteca de Alejandría su puesto como blbioteca mayor y más importante del mundo, dejó de suministrar a Pérgamo el papiro que necesitaba, entonces los cuidadores del Serapeum tuvieron que buscar otro soporte para sus libros y ese fue el pergamino. Esto no deja de ser una leyenda sin base histórica, ya que el pergamino se venía utilizando desde tiempo antes. Como era un material muy caro y difícil de conseguir costó mucho que se impusiera y se siguió utilizando el papiro. Se utilizaba el pergamino sobre todo par aponer por escrito documentos muy importantes, destinados a perdurar, leyes, textos sagrados, etc.

En cuanto a su elaboración variaba según la época y la zona, se utilizaba la piel de un animal, generalmente vaca, oveja, cabra o ternera. La calidad del pergamino dependía del tipo y la edad del animal que se utilizara. El más apreciado era el de la piel de terneras no nacidas, este tipo de pergamino se conoce como ‘vitela’. Los más apreciados eranlos procedentes de España e Italia por su finura y blancura, los nórdicos eran más toscos y oscuros. Su éxito se debió  a que debido a su mayor resistencia a condiciones climáticas más humedas  se adaptaba mejor a la conservación de obras literarias, se podía escribir por ambas caras y se podían hacer correcciones sin debilitarlo. cosa que no ocurría con el papiro.

Además, el pergamino permitía el borrado de textos completos y su posterior reescritura. Ese borrado se hacía mediante el raspado del pergamino. Estos pergaminos reciben el nombre de palimpsestos o codices rescripti.

Y, finalmente, llegamos al material escriptorio que todos conocemos y que ha sido la única materia escriptoria utilizada en occidente desde el siglo XV. El papel era utilizado por los chinos ya en el siglo II d. C., a través de los árabes llegó a España, donde hay constancia de la instalación de los primeros molinos europeos a principios del siglo XII, aunque se sospecha que existían desde, al menos, dos siglos antes; y desde España se extendió por el resto de Europa. La abundancia de camisas viejas, marterial con el que se fabricaba el papel, y que permitió que éste tuviera un precio económico y la invención de la imprenta llevaron a la aparición del libro, no como artículo de lujo sino como un producto a un precio razonable. La aparición de la informática permite la escritura y el almacenamiento de texto en otros medios como son los discos duros, o las memorias flash, etc. lo cual ha permitido la aparición de los e-book, que nos permiten una experiencia nueva de lectura. Un amayor comodidad al permitirnos llevar en un soporte ligero y no muy grande una cantidad inmensa libros. Veremos hacia donde evolucionan los soportes de escritura y de lectura en el futuro, desde luego hemos recorrido un largo camino. Pero lo esencial no ha cambiado, la necesidad el ser humano de consginar por escrito la palabra dicha para que no se pierda y perdure en el tiempo y en el espacio.

Sobre la palabra “Bisiesto”

El ser humano desde la antigüedad ha necesitado calcular de alguna manera el paso del tiempo. Y pronto se dieron cuenta de que había un ritmo en la sucesión de las diferentes épocas del año. La llegada de las aves migratorias, las cosechas, las nieves o los calores, todo se producía según un ritmo que podía ser predecido y calculado. Se dieron cuenta que la luna y los diferentes cuerpos celestes pasaban por fases y posiciones regulares, que aprendieron a predecir y situar en el tiempo.

Los primeros calendarios estaban basados en los ciclos lunares, pero debido a su inexactitud fueron abandonados en favor de los calendarios solares, mucho más exactos. Dejando de lado el calendario egipcio que fue el primero en adoptar el sol como base de sus cálculos, me centraré en el calendario romano, porque de él deriva el moderno calendario occidental y también la palabra “bisiesto” de cuya etimología e historia nos ocupamos en este post.

El principio del año romano se producía en el mes de Marzo, los meses de ese primer calendario romano eran diez: Martius (en honor del dios Marte, padre de Rómulo y Remo), Aprilius (en honor de la diosa etrusca Apru que se corresponde con Venus), Maius (De atribución dudosa bien en honor de la diosa Maya o en recuerdo de los “Maiores” o antepasados), Iunius (en honor de la diosa Iuno), Quinctilis (Quinta Luna, tras la muerte de Julio César pasó a denominarse Iulius en su honor), Sextilis (Sexta Luna; posteriormente se dedicó al Emperador Ostavio Augusto y se denominó Augustus), September (Mes séptimo), October (mes octavo), November (mes noveno), December (mes décimo). Cuatro de esos meses, Martius, Maius, Quinctilis, October; tienen 31 días. El resto de meses tienen 30 días.

Posteriormente, Numa Pompilio instauró un calendario de 355 días y 12 meses. Es él quien crea los meses de Ianuarius (en honor de la diosa Iano) y Februarius (en honor del dios Februus, Plutón). Aún así, este calendario quedaba corto en 11 días y por ello Numa Pompilio ordenó que se añadiera un mes de 22 días cada dos años en el segundo y sexto año y de 23 días en el cuarto y el octavo. Los meses quedaron como sigue:

Martius 31 días; Aprilis 29 días; Maius 31 días; Iunius 29 días; Quinctilis 31 días; Sextilis 29 días; September 29 días; October 31 días; November 29 días; December 29 días; Ianuarius 29 días; y Februarius 28 días.

Pero como este sistema, aparte de complicado daba demasiado poder al Colegio de Pontífices, encargado de hacer los cálculos, y a veces abusaba de él y lo usaba a su favor, Julio César encargó al astrónomo griego Sosígenes que buscara una solución que fuera más simple y fiable, y que no les hiciera depender del Colegio de Pontífices. A sugerencia de Sosígenes, Julio César adoptó el calendario solar a imitación de los egipcios, es el conocido como Calendario Juliano. Le dio al año una duración de 365 días y un cuarto de día. Esos diez días que añadió al calendario los distribuyó en los meses de 29 días pero añadió dos días a Ianuarius, Sextilis y December, y colocó estos días adicionales al final de cada mes. Finalmente, estableció la norma de que cada cuatro años se debía añadir un día intercalado inmediatamente después de los Terminalia. Y aquí es donde aparece la palabra que da origen al término castellano “bisiesto”. Veamos cómo.

En los tiempos de Julio César, el primer día de cada mes se llamaba Kalendas, el séptimo eran las Nonas y el décimoquinto día eran los Idus. En lugar de decir 28 de febrero, los romanos decían ante diem primum kalendas Martias (primer día antes de las calendas de marzo). El 27 de febrero era el ante diem secundum kalendas Martias (segundo día antes de las calendas de marzo), el 26 de febrero, tercer día y así sucesivamente.

Julio César intercaló un día entre el sexto y el quinto día antes de las calendas, o sea entre los días que hoy son el 23 y el 24 de febrero. Este día adicional fue llamado ante diem bis sextum kalendas Martias, o sea, “segundo día sexto antes de las calendas de marzo” y el año que contenía ese día se llamó por eso “bis sextum“. Y de ahí pasó al castellano como “bisiesto”.

Este calendario estuvo en vigor hasta que el Papa Gregorio XIII encargara a Luis Lilio y al jesuita Christopher Clavius la reforma de ese calendario, reforma que finalmente dará paso al calendario conocido como Gregoriano que es el vigente en la actualidad. Con él, cualquier año acabado en [00] sólo será bisiesto si es divisible entre 400. Además se corrigió el error de 10 días que se había ido acumulando desde la instauración del calendario Juliano. Se pasó por tanto del 4 de Octubre de 1582 al 15 de Octubre de ese mismo año.

¿Cuándo un año es bisiesto?

Siempre que un año sea divisible entre 4 y no sea divisible entre 100 es bisiesto. Pero esta norma tiene una excepción instaurada por el papa Gregorio. Si un año es divisible entre 4 y entre 100, pero además también es divisible entre 400 ese año también es bisiesto.

Y esta es, muy resumida, la entretenida historia del término bisiesto en castellano, que es también la historia del calendario.

Vida, carácter y avestruces

Nada más triste que un titán que llora,
hombre-montaña encadenado a un lirio. 
Rubén Darío

En las situaciones difíciles, duras y complejas que como seres inmersos en la vida tenemos que enfrentar es donde descubrimos nuestro auténtico temple, de qué metal estamos forjados (si se me permite la metáfora cosificadora). Esas situaciones ponen a prueba nuestro carácter y, en primer lugar, ponen a prueba si lo tenemos. No es nuestra capacidad intelectual o de análisis lo primero que es probado en esos momentos; esa capacidad para pensar con claridad se ve afectada por nuestra situación emocional, por la presión a que estamos sometidos; sino nuestro temple para no hundirnos. Al igual que una goma somos estirados, incluso muchas veces más allá de lo que creíamos ser capaces de soportar; es el carácter, forjado a lo largo de nuestra vida, desde la infancia hasta la edad adulta y dentro de ésta desde sus primeros instantes hasta momento final, el que nos permite volver a recuperar la forma original o nuestra elasticidad sin que nos quebremos o quedemos como un objeto amorfo que no es ya útil. Es verdad que en situaciones extremas nos descubrimos haciendo cosas que jamás hubiéramos pensado ser capaces de llevar a cabo y enocntramos una entereza y una energía que nunca hubiéramos sospechado poseer; eso es el carácter.

Forjado poco a poco en los fuegos de la vida, dándole cara a las dificultades y enfrentando los desafíos. Comenzamos viendo a nuestros padres enfrentarse a situaciones difíciles y ellos nos van mostrando el camino y cuando comienzan nuestros retos tenemos un modelo a quien imitar y un indicador que nos señala el camino. Empezamos de la mano y con el apoyo incondicional de nuestros padres, de nuestros hermanos, de aquellos que nos quieren y,  después, de manera cada vez más autónoma, aunque nunca totalmente en soledad. ¡Qué imporante es sentirse y saberse acompañados en esos momentos que exigen lo mejor de nosotros mismos!

Nada más triste que un ser humano adulto incapaz de hacer frente a sus responsabilidades, que ante la dificultad esconde la cabeza detrás de una interfaz, de alguien que “de la cara” por él, que le resuelva las dificultades. Una tal persona de seguro que no tiene conflictos ni roces con otros seres humanos, posiblemente se considere una persona que se lleva bien con todo el mundo, alguien sin enemigos; pero una persona así es alguien que no vive la vida plenamente porque vivir es rozar y es desgastarse, es dejarse jirones de uno en el camino, en los otros. A veces ese roce es agradable en otras es incómodo o abiertamente desagradable y molesto; pero es el roce el que graba en nosotros la huellas del recuerdo en la memoria.

Comunicando…?

Vivimos en el mundo de la comunicación y del intercambio instantáneo y rápido de ideas, la web 2.0 es la de la interacción personal, y toda interacción es mensaje. Recibimos una continua lluvia de mensajes e informaciones diversas, ya sea a través de los medios de comunicación tradicionales, ya por las redes sociales o a través de nuestras charlas en el trabajo con los colegas o en casa con la familia. Los mensajes que recibimos son de todo tipo y cada uno de ellos persigue su fin específico, fin que en principio debemos admitir como legítimo, por más que puedan molestarnos los cortes publicitarios en medio de nuestra serie favorita o las noticias de sociedad antes de la información deportiva.

No obstante, la preocupación por la comunicación y los factores que inciden en ella han ocupado al ser humano desde muy antiguo, la sistematización de las artes del discurso elocuente las hace remontar la tradición a Corax y Tisias allá por la Siracusa del siglo V a. de C. Con lo que como se echa de ver son muchos los siglos que el hombre lleva reflexionando sobre este asunto desde diferentes perspectivas. Y uno de los primeros temas que surge es el de la verdad. Muy pronto se dieron cuenta los que se dedicaron a reflexionar sobre estas cuestiones que la oratoria, o arte de hablar en público, era una ciencia éticamente neutra y que desgraciadamente la capacidad de usar sus normas para persuadir eficazmente eran válidas independientemente de la catadura moral del individuo que las usara.

La literatura técnica de la antigüedad, está llena de advertencias y de recomendaciones sobre este tema. Platón advierte de los peligros de la retórica en manos de personas inmorales, lo mismo hacen Aristóteles, Cicerón, o Quintiliano, y eso por no citar sino a los más conocidos. Y el problema final reside no en el fin en sí mismo; es decir, en el hecho de que quieran convencerte de algo que les beneficia, o deseen venderte algo, el problema reside en la verdad de lo que se comunica, ¿te están engañando? Merece en este punto recordar la definición que Catón el Viejo da del orador: “Vir bonus, dicendi peritus” que podríamos traducir como “un hombre honesto hábil para comunicar”. Definición que fue repetida después por otros muchos como Séneca, Cicerón o Quintiliano; quien hace del carácter ético del orador un rasgo básico y fundamental de su programa de formación y de la oratoria en conjunto.

Que la comunicación está ligada a la ética por su propia naturaleza y que la cuestión de la verdad sigue vigente hoy en día es evidente si nos acercamos a cualquiera de los manuales de pragmática disponibles en el mercado, o a los de semántica o retórica. Pero como no es mi objetivo en este artículo reflexionar sobre qué sea la verdad o que han dicho los filósofos sobre la verdad sino;  señalar la importancia de que el discurso se ajuste a la necesidad ética de ser verdadero me limitaré a citar, para aquellos que sientan alguna curiosidad sobre el tema, la Teoría de los Actos de Habla (Acts Speech) de Searle, la Teoría de la Relevancia de Sperber y Wilson, o la Teoría Cooperativa o Principio de Cooperación de Grice. Y es en esta última en la que me voy a centrar para citar simplemente algunas de sus máximas. Máximas que deben presidir cualquier acto comunicativo para que este sea relevante y válido; y por supuesto, ético.

Para Grice todo acto comunicativo debe partir de un acuerdo entre aquellos que participan en dicho acto. Y enumera las siguientes normas que el denomina máximas:

  1. Máxima de Cantidad: Hace referencia a la cantidad de información que se debe proporcionar.

    1. Haga que su contribución sea todo lo informativa que el intercambio requiera.

    1. No haga que su contribución sea más informativa de lo que el intercambio requiera.

  1. Máxima de Calidad:

    1. Haga que su contribución sea verdadera

2.1.1 No diga lo que crea que es falso.

2.2.2 No diga nada de lo que no tenga pruebas adecuadas.

  1. Máxima de Relación (o relevancia)

    1. Haga su contribución relevante.

  1. Máxima de Modalidad

    1. Sea usted claro

      1. Evite la oscuridad.

      1. Evite la ambigüedad.

      1. Sea breve. (Evite ser prolijo)

      1. Sea ordenado.

Habrá quien pueda echar en falta otros aspectos, como la cortesía, pero en todo caso son un cimiento imprescindible para una comunicación veraz y ética, de la que tan necesitados estamos. Más en estos tiempos en que la ambigüedad y las medias verdades están a la orden del día. Y no sólo en el mundo de la política, aunque ese sea un terreno abonado igual que el mundo de la publicidad. Esto ocurre en nuestra vida diaria también, con nuestras familias sin ir más lejos. Sería conveniente que reflexionáramos un poco sobre la importancia de una conducta ética al comunicarnos con los demás, al relacionarnos con ellos. Y no olvidar nunca que aún considerando que se persiga un fin ético, no siempre el fin justifica los medios.

Influencia: Algunas ideas sueltas

Cada hombre es un héroe y un oráculo para alguien, y para esa persona, lo que diga tiene valor adicional.” Ralph Waldo Emerson

Recuerdo hace algunos años unas declaraciones del jugador de basket, Dennis Rodman, en las que tratando de justificar sus escándalos decía que no pretendía ser ningún modelo para nadie, pero estaba ignorando, deliberadamente o no, el hecho de que más allá de nuestra voluntad influimos en las personas que tenemos alrededor de nosotros, positiva o negativamente para bien o para mal. No podemos decidir no influir a nadie, por el mero hecho de ser seres en comunidad vivimos en interacción unos con otros y nos influimos unos a otros. Todos influimos en otras personas y a través de esas personas en aquellos que, a su vez,  son influidos por ellos. No hace falta ser importante para ser una persona influyente.

Si queremos ser una fuerza de cambio positivo en nuestro entorno tenemos que tener la capacidad de influir en los que nos rodean, hemos de ser personas influyentes. Gran parte de nuestro éxito profesional y personal depende de nuestra capacidad de influir en otros. Lo importante es que tengamos claro que no se nace siendo influyente. La influencia es alfo que se desarrolla con el tiempo, crece como los seres vivos, por fases y no se alcanza de un momento para otro por medio de un acto mágico o mediante la consecución de algún título.

Por otro lado es fundamental recordar que nuestra influencia  no es la misma con todas las personas. Aunque afectamos a casi todas las personas  con las que nos relacionamos no lo hacemos de la misma manera ni con la misma profundidad.

Influencia y liderazgo van de la mano, de hecho, se puede decir que liderazgo es influencia, nuestra capacidad de influir en otros. Existen diferentes niveles de influencia en mi opinión al menos se dan los siguientes:

En un primer momento influimos a los demás por medio de nuestras acciones, por la seguridad, la confianza o el optimismo y el ánimo que les transmitimos. A medida que nos conozcan mejor aumentará nuestra credibilidad y por lo tanto nuestra capacidad de influir. Cuando conocemos a alguien no tenemos, por lo general, ninguna influencia sobre esa persona. Si hemos sido presentados por alguien en el que confían entonces se produce una transferencia de la credibilidad y de la influencia de esa persona hacia nosotros; hasta que nuestra credibilidad no quede establecida dependemos de la credibilidad prestada por la persona que hizo la presentación. Un buen ejemplo de este nivel lo tenemos con el Follow Friday de Twitter, cuando sigues a alguien basándote en la credibilidad que tiene para tí la persona que realiza la recomendación, y atribuyes temporalmente al recomendado la credibilidad que para tí tiene el recomendador.

De ese nivel que es bastante general y que no hace necesaria una cercanía entre las personas pasamos a niveles en los que es necesaria esa cercanía. En esa cercanía se construye una relación en la que la otra persona se siente a gusto estando contigo y también con ella misma al estar contigo. Siente que puede confiar en tí, que tu interés por él es genuino, que te preocupas por sus necesidades y que le escuchas con interés real.

A partir de ahí, llegas a un punto en el que estás en disposición de ayudar a los que te rodean a desarrollar su potencial pleno, a crecer no sólo profesionalmente sino también y, sobre todo, personalmente.

Y la prueba del algodón es la reproducción, es decir, cuando llegas al punto en el que puedes acompañar a esas personas a reproducir el modelo; de manera que aquellos en quienes has influido ahora sean una influencia positiva para otros y puedan también acompañarles en su camino al desarrollo pleno de su potencial y guiarles al punto de la reproducción. En todo caso, hay una norma que nunca se debe olvidar: A mayor influencia mayor responsabilidad.

Sobre la motivación o los unicornios

Hace ya muchos años que me dedico a la coordinación, gestión o dirección de equipos de trabajo, primeramente de ventas y pre-venta después, a esos, se sumaron equipos técnicos de cara a la implantación en el cliente de las soluciones desarrolladas por mi empresa y es, desde esa experiencia práctica, del trato con personas día a día, desde donde quiero realizar y desarrollar esta breve reflexión.

Una de las grandes obsesiones de todos los que se dedican a dirigir equipos es el tema de la motivación. ¿Cómo puedo motivar a mi equipo? ¿Cómo puedo motivar a cada una de las personas que forman el equipo? Y la conclusión a la que he llegado es que no puedes. Es imposible motivar a nadie que no desee previamente ser motivado, que no tenga una disposición íntima a dejarse mover hacia la consecución de los objetivos marcados. Toda persona tiene dentro de sí mismo la chispa que le empuja a superarse, a mejorar, a crecer como persona, tanto en su vertiente personal como en la profesional. Por eso nos marcamos metas, nos fijamos objetivos, soñamos. Si una persona no desea ser motivada, si una persona se niega en lo profundo de sí misma a dejarse motivar no hay palabras en el mundo capaces de convencerla.

Entonces, ¿cuál es la función del líder (responsable, coordinador o como quiera que se le denomine) del equipo? En mi opinión, lo único que como líder de equipo puedes hacer es crear las condiciones de posibilidad para que se de esa íntima auto-motivación, para que esa chispa se avive y prenda un fuego vivo. Es fundamental que cada miembro del equipo se sienta persona, sienta que se le trata como a tal, que se sienta importante dentro del equipo. Es importante crear un ambiente de trabajo en el que haya confianza, en el que nadie se sienta intimidado ni  asustado de dar su opinión, un ambiente en el que no se sienta juzgado y condenado al menor fallo. Un entorno en el que pueda pensar y actuar con libertad y sin miedo y aportar sus valores al equipo y al proyecto.

No pretendo hace ninguna aportación original, es posible que esté equivocado. Pero creo que es en la creación de esas condiciones donde se muestra el auténtico líder y estoy persuadido de que es en esos entornos de libertad y respeto donde surge la motivación y el verdadero talento de cada miembro del equipo porque en ellos cada persona se reconoce como miembro valioso y útil del equipo y se identifica con los planes, metas y objetivos del mismo porque son sus propios planes, metas y objetivos. La verdadera y auténtica motivación es aquella que surge de la íntima convicción y del íntimo deseo de cada ser humano de mejorar y de alcanzar las metas y objetivos que se ha propuesto y que ha hecho suyos.

Feliz ¿Navidad?

ZorionakYa estamos inmersos en la vorágine navideña, ya ha pasado el momento de emoción de la Lotería Nacional y para la gran mayoría sólo ha supuesto un minuto de decepción ante la constatación de que no ha cambiado nada tras el rito anual de los niños cantando una interminable sucesión de números y cantidades , la vida sigue su curso exactamente de la misma manera que antes del mismo. Lo que se viene encima son las dos largas semanas de vacaciones de los niños, jornadas de ilusión para ellos y espero que también para los padres y abuelos, y las abundantes (en exceso la más de las veces) cenas y comidas familiares tradicionales. Dejando de lado los sentimientos enfrentados que estas fechas puedan provocar en cada uno de nosotros, hay quien odia estas fechas y quien las disfruta plenamente, parece oportuno aprovechar para pararnos unos minutos a reflexionar sobre el significado de la Navidad.

Parece una obviedad pero la realidad es que hemos olvidado que el origen de esta celebración es profundamente religioso y profundamente cristiano, lo que se conmemora es el nacimiento en la ciudad de Belén hace algo más de dos mil años de un niño, a quien pusieron por nombre Jesús, que significa “Dios está entre nosotros”. Conforme la increencia y más aún la diversificación de creencias se ha ido asentando entre nosotros, esta festividad se ha ido volviendo incómoda en su formato cristiano original y se ha ido diluyendo su significado más profundo, el de la encarnación de Dios, que se hace uno de nosotros, para ir dándole un enfoque sentimental, el de una celebración familiar de exaltación de los buenos sentimientos y, sobre todo, en una ocasión para realizar gastos por encima de lo ordinario para regocijo de los grandes comercios y también de los pequeños, supongo. Este enfoque, lejos de suponer una mejora supone un empobrecimiento, ya que nos aleja la mirada del otro para encerrarla aún más en nuestro cada vez más estrecho círculo familiar, y en nuestras necesidades, carencias y deseos. Al haber convertido la Navidad en una cita familiar, cuando los familiares empiezan a faltar va perdiendo su sentido y se convierte en una cita llena de tristeza y de frustración ante la certificación de que la muerte reclama su tributo de manera inexorable. Pero el mensaje que se debiera extraer de esta estación es uno bien distinto, debiera ser un mensaje de esperanza y gratitud, el mensaje de que no estamos solos ni es nuestra existencia fruto del azar, la vida tiene un sentido y un significado y no es sólo una sucesión de eventos sin sentido. Debiera ser un aldabonazo a favor de la lucha contra todo aquello que nos deshumaniza y nos convierte en objetos de intercambio, una llamada a despertar del sueño del conformismo y del consumo como hábito normal de vida.

Pero como no es mi intención buscar pendencia con nadie ni frustrar o amargar las fiestas de nadie me limitaré a desearos a todos una muy Feliz Navidad y un año 2012 sin paro, ni crisis.

FELIZ NAVIDAD  Y PROSPERO AÑO NUEVO

“Virtual” frente a “Real”: ¿Términos antagónicos?

Durante los últimos años, y junto con la creciente popularización del uso de las tecnologías de la información se ha ido creando el mito del «mundo virtual» como algo diferente y opuesto al «mundo real». Hace ya tiempo que he mantenido debates y charlas con diversas personas sobre este tema y finalmente me he decidido a escribir sobre él, dejando así constancia de mi punto de vista sobre este asunto, y no es que mi punto de vista importe mucho pero es el que me he ido formando y su puesta en común puede ayudarme a perfilarlo, mejorarlo o desecharlo. Trataré de explicar que esa dicotomía entre «real» y «virtual», que considera ambos términos como antónimos cuando, en realidad, no lo son, al menos desde un punto de vista filosófico, no deja de ser ‘flatus vocis‘.

El concepto de «realidad», de qué es lo real, tiene diversas acepciones en castellano pero, en cuanto sustantivo abstracto, hace referencia a la totalidad de lo real. Seguro que todos recordamos nuestras lecciones del instituto sobre Descartes, esas lecciones aprendidas nos van a proporcionar un punto de arranque magnífico para tratar de dar una definición de qué es lo real. Hagamos memoria, aunque sea sólo por unos momentos, de su método de conocimiento de la realidad, Descartes nos venía a decir que la duda hace mella en todo excepto en los propios pensamientos. Dicho de otra manera, yo puedo pensar un unicornio azul, puede ser que el unicornio azul no exista pero desde luego lo que no puedo es dudar de que estoy pensando un unicornio azul, y, por lo tanto, mi pensamiento existe. Ahora bien, esa realidad no será puesta a menos que yo formule un juicio que diga que tal pensamiento es pensamiento de esa realidad. Dicho de otra manera, decimos que algo es real cuando lo ponemos como sujeto de un juicio. Algo es real cuando puede ser sujeto de un número diverso de juicios, porque yo no puedo afirmar ni negar nada de algo si ese algo no es. Así pues mediante los juicios determinamos la realidad y al mismo tiempo que la determinamos la ponemos. Por supuesto que desde Descartes las escuelas que se mueven dentro del ámbito del idealismo han seguido perfilando el concepto de realidad ampliándolo o matizándolo.

Desde el ámbito del realismo se dan otras explicaciones de la realidad que vienen a situarla como la forma de lo aprehendido en el acto de la aprehensión. Es obvio que no estoy siguiendo el concepto de realidad del realismo Aristotélico pero en última instancia, también su definición de realidad nos serviría. Para aristóteles la realidad,lo real, es aquello que percibimos por los sentidos, el mundo físico y desde luego el mundo cibernético es un mundo físico en última instancia. Pero pasemos al significado de Virtual.

Pierre Lévy afirma que “la palabra «virtual» puede entenderse al menos de tres maneras, en un sentido técnico ligado a la informática, en un sentido corriente y en un sentido filosófico… En filosofía, es virtual lo que existe en potencia y no en acto” (Cyberculture. Edts. Du Conseil de l’Europe, 1997). Desde esta perspectiva lo virtual sería aquello que aún no ha sido actualizado. En la semilla está ya presente virtualmente la planta que ha de crecer de ella una vez plantada, por lo que lo virtual es una dimensión de la realidad. Pero, como más arriba he señalado, virtual se emplea en el uso coloquial como sinónimo de entelequia, de lo que no es real, así «lo virtual» equivaldría a «lo irreal». Una cosa es virtual o real pero no puede ser ambas a la vez, tal parece ser el pensamiento que se ha ido extendiendo y consolidando. Pero, en puridad, lo virtual no se opone a lo real sino a lo actual, de modo que actualidad y virtualidad serían sólo dos modos diferentes de la realidad. Si en la esencia de la semilla está la planta que ha de nacer y crecer, la virtualidad de la planta es real aunque todavía no sea actual. Podemos decir, por tanto, que lo virtual es lo real no actualizado.

Aunque no podamos fijarlo en ninguna coordenada espacio-temporal, lo virtual es real. De la misma manera que la palabra ‘estropajo’ existe aunque no sea pronunciada, pero está ahí a disposición de los hablantes de una comunidad para ser actualizada en un momento concreto y en un lugar determinado. Hay que añadir que lo virtual no determina el modo en que es actualizado, así como una palabra (por ejemplo la palabra estropajo) no determina su pronunciación ni su entonación ni su sentido; y por lo tanto  no se actualiza igual por todos los hablantes de una lengua y se puede actualizar con diferentes tonos, pronunciaciones o sentidos diversos y sorprendentes.

Por lo tanto, cuando hablamos de virtual en el campo de las tecnologías de la información, en el ciberespacio, no significa que esa información sea irreal, una entelequia, algo sin soporte físico. Esa información está situada físicamente en algún lugar, pero está también y a la vez presente en cada punto de la red donde se la llame para ser actualizada. Por tanto hablamos de una información desterritorializada y ubicua pero no irreal. Tan real es lo que denominamos «mundo virtual» como el «mundo físico» en que nos levantamos cada mañana, desayunamos y nos duchamos o vamos a trabajar. Y creo que esa realidad es aún más evidente en las redes sociales, donde se produce una interacción, con reglas propias sin duda, pero de la misma naturaleza que la interacción que se puede producir en un grupo de amigos que hablan en un café o por teléfono o por carta. Son relaciones cibernéticas, sí, pero no menos reales que las que tenemos en nuestra vida corriente, no cibernética. Y si no pensemoslo un poco…

No es sólo abrir la boca. Habladores y Discursos

Cada vez un número más elevado de personas se ve en la necesidad de hablar en público pero por desgracia eso no significa que tengamos la oportunidad de escuchar buenos discursos. Buenos, no sólo por el tema, sino también por la forma y por el modo en que el discurso es pronunciado. Ya ni siquiera los, antaño, templos de la oratoria, el parlamento y la iglesia, pueden jactarse de ser escenario de grandes discursos. La mediocridad se ha adueñado de las tribunas de los oradores y de los púlpitos de los predicadores.

Se dice, y no sin razón, que la base de la oratoria es tener algo que decir y querer decirlo; pero si bien esa motivación es el punto de arranque hace falta algo más que buena voluntad y conocimientos más o menos profundos sobre un tema concreto para construir un buen discurso. Y ¿qué es un buen discurso? Como norma general podríamos decir que aquél que se adecua a su fin y lo obtiene; y el objetivo general de todo discurso, independientemente de su concreción es: persuadir y mover (a la acción). No sólo es necesario convencer racionalmente, apelando a los argumentos de la razón, a los oyentes. También es necesario lograr que el oyente se mueva, que actúe en la dirección indicada por el discurso.

El interés por el conocimiento y el estudio de las normas que rigen la elaboración del discurso persuasivo no es algo nuevo, desde la antigüedad clásica las artes del discurso han despertado el interés de las personas cultas, magníficos ejemplos de oratoria pueden encontrarse en la Iliada, interés que menguó durante los siglos xviii a xx por causa de la identificación de la retórica con el uso abusivo de figuras y de un lenguaje recargado y huero. Pero nada más lejos de la intención de los tratadistas antiguos y medievales que el convertir a la retórica en eso. Afortunadamente, el siglo xx ha visto un resurgir del interés por la cosa retórica y han aparecido nuevas y muy interesantes escuelas de retórica, así como cientos de cursos y libros de oratoria práctica.

El orador, nos dice Cicerón, debe tener en cuenta tres cosas: qué decir, en qué orden y cómo.” (Orator § 43). La primera de esas tres cosas que cita Cicerón nos remite a la Inventio o dicho de otra manera, el acto de encontrar o decidir de qué se va a hablar, qué se va a decir. Ese qué decir sería algo así como la esencia del discurso o su hilo conductor, esencia que se ha de revestir luego con el con el cuerpo que le ofrecen los demás elementos o hilo que se ha de tejer para crear una trama.

El segundo aspecto, el relativo al orden en que se ha de decir lo que queremos decir, es lo que se conoce con el nombre de Dispositio. Aquí se trata de ordenar los argumentos que vamos a emplear en nuestra exposición. Los dividiremos según su peso en primarios y secundarios y aún incluso algunos quedarán fuera. Meditaremos en que parte del discurso aparecerá cada uno de ellos y de que forma y manera los iremos alternando. Analizaremos las posibles objeciones y trataremos de rebatirlas, ya sea que aparezca de manera explícita en el discurso o que decidamos no incluirlas y dejarlas como reserva de una posible réplica.

Y finalmente, la tercera cosa que menciona el Retor latino,el cómo, es lo que se conoce como Elocutio. En esta fase se encarnan los argumentos que hemos encontrado y que hemos clasificado y colocado en el esqueleto del discurso. Ahora buscamos las expresiones lingüísticas adecuadas, la palabra precisa para lograr de la mejor manera posible alcanzar nuestro objetivo. Aquí es donde tejemos el discurso que luego pronunciaremos, y le damos forma. Una forma que ha de ser la apropiada al tema y al auditorio. Parece obvio que no es lo mismo hablar de la Teoría de Cuerdas ante una audiencia formada por expertos en la materia, a los cuales les estamos presentando un nuevo avance, una nueva ecuación resuelta, que hacerlo ante otra formada por estudiantes de secundaria, a los que vamos a darles datos muy generales para que puedan hacerse una idea de lo que es esa teoría, o ante una asamblea de políticos y empresarios a los cuales tratamos de convencer para que sigan financiando nuestras investigaciones.

Como se echa de ver si bien el tema es idéntico no lo es en absoluto ni la audiencia, ni el objetivo final del discurso. Por lo tanto, ni los argumentos que usemos ni el envoltorio en que esos argumentos son presentados puede ser idéntico. Deberemos adaptar tanto el fondo como la forma del discurso al tipo de oyente que tenemos y al objetivo final que perseguimos, que en última instancia viene marcado por nuestro auditorio.

Y es ahí donde yo veo un gran problema de muchos oradores modernos. Su incapacidad para cambiar de registro, para adecuarse a las circunstancias de lugar y de entorno, lo que llamaban los tratadistas clásicos el decorum. Por eso más de un buen mensaje se pierde en el aire de nuestros parlamentos, de nuestras Aulas Magnas y de nuestras iglesias o mítines callejeros. Veo una abundancia del estilo áspero y descuidado, como sinónimo de sencillo, llano y claro; pero esto, lejos de ser así, en muchas ocasiones entorpece la transmisión clara y distinta de las ideas que el orador desea dejar en la mente y en el corazón de su auditorio. Porque el discurso, como más arriba se ha dicho, no sólo ha de apelar a la razón (para persuadir) sino también al corazón (para mover a la acción). En el otro extremo, se identifica lo cuidado y elegante con lo huero y falto de significado; pero se olvida que con frecuencia la dulzura gana más adhesiones que la amargura. Se cazan más moscas con miel que con vinagre, y ese viejo refrán vale también para el tema que nos ocupa.

Desde luego muchas cosas más podrían escribirse sobre este tema, y se han escrito para el que tenga interés en leerlas. En cualquier biblioteca pública se pueden encontrar estas obras que tan útiles son para quien sabe leerlas y extraer el néctar que contienen. Me permito citar aquí algunas de ellas, que pueden servir para ir abriendo boca.

Aristóteles, La Retórica. (La cito porque es probablemente el más conocido de todos los tratados retóricos pero tal vez convenga empezar por otros textos. Como los que cito debajo.

Marco Tulio Cicerón, El Orador

Cicerón, Bruto

Cicerón, De Oratore (No confundir con la 1ª obra citada de Cicerón)

Anónimo, Retórica a Herenio

Quintiliano, Instituciones Oratorias

No cito edición porque hay diversas ediciones, en general de excelente calidad. En todo caso la que encontréis en la Biblioteca o en la librería de turno os permitirá acercaros a este arte. Hay por supuesto retóricas contemporáneas, como la del Grupo Mi, Retórica General; o la monumental obra de Chaïm Perelman y Lucie Olbrechts-Tyteca, titulada Tratado de la Argumentación. Una excelente introducción al tema de la retórica en la actualidad es el texto del malogrado Antonio López Eire, de quien tuve el honor de ser alumno siquiera por breve tiempo, y que lleva por título Actualidad de la Retórica. En todos esos textos encontraran abundantes referencias a otros autores y otros textos, tirando del hilo con paciencia y práctica irán tejiendo su propio hilo de Ariadna para guiarse y salir con bien de este laberinto que es la necesidad de comunicarnos y de hacerlo de manera apropiada, útil y bella.

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